Angurrientos

Según la Real Academia Española, la “angurria” es un deseo vehemente o insaciable. En otras definiciones se habla del afán de poseer muchas riquezas por el solo placer de atesorarlas sin compartirlas con nadie.

¿No pareciera ser que con una sola palabra podemos definir lo que día a día venimos leyendo en los periódicos? Sentarse a leer los medios todos los días es recibir un golpe, observando el apoderamiento del Estado por dirigentes angurrientos, que contratan reventando el presupuesto público a favor de ellos y de sus operadores políticos.

A la par que guardias desafectados de una empresa protestaban por las injusticias que los agobian, funcionarias del Congreso perdían el tiempo en la gradación de las influencias de las barajas del truco en plenas oficinas y declaraban sin pudor a ABC TV que no había mucho por hacer ya que el jefe había viajado para hacer campaña política.

Contrataciones en binacionales, como ejemplo, un joven de 19 años que acaba de culminar el colegio con salario de G. 11 millones, solo por ser hijo de un amigo camarista.

La tocada de bolsillo que se prevé a través del impuestazo (reforma tributaria). El reajuste, sin discutir la justicia o no en ello, de las jubilaciones de odontólogos, médicos, que pone en riesgo la caja fiscal.

Las licitaciones para “partners” que se logran en tiempo récord y que, mediante investigaciones periodísticas, saltan a luz revirtiendo el proceso o el “error” de Petropar en una inversión de más de G. 1.000 millones para un stand en la Expo.

No hablamos de hechos aislados y lejanos, citamos casos que se dieron a conocer solamente en una semana y que se suman a tantos ya denunciados y al listado de más de 2.000 funcionarios beneficiados con aumentazos.

Repasando solo estos hechos, pensemos en aquellos que van a los cumpleaños y salen llevándose todo lo que quepa en sus manos; centros de mesa, frutas, torta ¿No nos reímos –tal vez de la vergüenza–, cuando vemos una situación como esta?; de esta misma manera actúan aquellos que están al frente del Gobierno, agarrando a mano llena todo lo que puedan encontrar a su paso, repartiendo indiscriminadamente a sus familiares, amantes, amigos y ufanándose en nuestros rostros de la vida inalcanzable que llevan en comparación al común del pueblo.

¿Cómo no escandalizarse ante estos hechos cometidos con tan indignas justificaciones y con antecedentes que no sirven para que la justicia se digne a mirar siquiera de reojo?

La gente “común”, como nos ha calificado un parlamentario, merece la protección de los genuinos gobernadores y no el sometimiento al estrés y la angustia existencial que provocan por una malsana administración del bien público.

Esta realidad indeseable expone a nuestro país a los rigores de una pavorosa acumulación, de imprevisibles consecuencias. Un globo que se infla, que no es uno de helio que volará y se perderá en las nubes, sino uno lleno de escoria, podredumbre, que en algún momento puede explotar sobre nuestras cabezas.

smoreno@abc.com.py