Sin embargo, lo que sí a veces desconcierta es la vigencia del pensamiento mágico y el poder que tiene. Recientemente, en Paraguay, causó revuelo la información de que la Iglesia Católica prohíbe la realización de campañas oficiales a favor de la utilización de preservativos. Según indicó una directora del Programa Nacional de Control del Sida-ITS (Pronasida) no se puede realizar una campaña nacional de promoción del uso de condones porque la jerarquía católica se opone rotundamente.
Paraguay recobró la libertad hace apenas 25 años, luego de soportar una dictadura conservadora de casi 35 años. En su Constitución democrática de 1992 se hace mención a la separación política entre religión y Estado, por lo que el catolicismo no tiene rango oficial en este país sudamericano. Es por ello que indigna que el Ministerio de Salud Pública no pueda desligarse del oscurantismo e ignorancia promovidos por la Iglesia y lleve a cabo una campaña masiva. En los últimos años creció el número de personas con infecciones de transmisión sexual, específicamente VIH y sífilis.
Pero lo de Paraguay es mínimo comparado con lo que ocurre en Asia. En varios países de este continente priman teocracias fuertes y feudos religiosos, de distintos colores, que intentan no solo imponer dogmas refutados, sino también imponer terror a través de persecuciones, torturas y hasta asesinatos. Hace unos días, dos oficiales de policía de Pakistán, que tenían la misión de proteger a equipos de vacunación contra la polio, fueron tiroreados y muertos en una ciudad de Dera Ismali Khan, en manos de fundamentalistas musulmanes. En lo que va del año, ya han sido asesinadas una veintena de personas, entre soldados, vacunadores, policías y niños que iban a recibir vacunas en distintas zonas de Pakistán, país donde al igual que en Afganistán y Nigeria, la poliomielitis sigue siendo endémica.
Para los afganos la situación no es mejor. Al menos tres vacunadores del equipo nacional contra la polio murieron esta semana a consecuencia de un atentado por parte de los radicales islámicos, en la provincia de Helmand.
La idea pseudocientífica que tienen los fundamentalistas religiosos es que tratar una enfermedad antes de padecerla es “antiislámico” y que, además, la campaña de vacunación en realidad es un complot de Occidente para lograr la esterilización de los musulmanes y que los médicos y enfermeros vacunadores son solamente espías al servicio de la CIA de Estados Unidos.
Lamentablemente, la religión sigue teniendo mucha influencia en las distintas sociedades. Sean estas democráticas o autoritarias y cristianas o musulmanas. El peligro sigue latente. El fundamentalismo religioso no ha cesado y se muestra con fuerza cada vez que suponemos que vivimos en un mundo más pacífico y menos medieval.
Las principales armas para contrarrestar el dogmatismo e intolerancia de las religiones son la promoción y defensa de la libertad y una educación que aliente el pensamiento crítico. Mientras tanto, los condones y la vacuna antipoliomielítica representan escudos importantes, no solo contra diversas enfermedades, sino también ante la ignorancia propuesta por los líderes místicos. No se puede vivir en el siglo XXI con legislaciones del siglo XI. Es inconcebible tener sociedades que se desarrollan si no se respetan los derechos individuales básicos.
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