La ciudad deslumbra a quien la visita por primera vez, después de mucho tiempo, y se encuentra con su flamante Costanera, limpia y ordenada. Aunque resulte chocante se escucha a muchos decir “esto no parece Paraguay”. Es lo que indigna, pues debe ser y parecer Paraguay.
Caminar por estos espacios que ha producido un boom en la capital de Itapúa mientras se oye el murmullo del caudaloso Paraná, de cristalinas aguas, el canto de los teros, sin tropezar con una sola bolsa de plástico, es más que placentero. El nuevo punto de encuentro es frecuentado por paraguayos y extranjeros que vienen a compartir su mate, su tereré, jugar en la playa, charlar o pasar gratos momentos en los bares, cafeterías, restaurantes del entorno.
Encarnación es un ejemplo de que se pueden lograr grandes proyectos y emprender una planificación urbana adecuada que tenga en cuenta criterios elementales para una ciudad moderna, destinada a las generaciones futuras que tendrán que seguir construyéndola.
Es posible que una de las claves de este logro haya sido la aprobación de ordenanzas y normativas, aún antes de que existiera la Costanera. Ellos ya contaban con una legislación para su aprovechamiento y la distribución de los espacios. No es que tuvieron un juguete nuevo sin saber utilizarlo. La Perla de Sur no debe caer en el error de las otras dos principales ciudades paraguayas Asunción y Ciudad del Este, que han crecido desordenadamente, se han desbordado y ahora se hace más que difícil remediar tal situación.
Otro punto fundamental –sobre todo para mantener la limpieza y la infraestructura urbana en condiciones– es el sentido de pertenencia, el orgullo que sienten los encarnacenos de contar con una ciudad hermosa y como la gente.
No hay ningún secreto y hay un gran secreto: Esto se logra trabajando, trabajando y trabajando. No yéndose en discursos políticos, promesas y acciones que hagan que la ciudadanía no deba seguir los buenos hábitos de comportamiento elemental, preservación y edificación de una ciudad. En Encarnación se nota que la ciudadanía pone parte de ese esfuerzo de cuidar la ciudad y tiene un compromiso con su futuro.
Con cien años menos, nos da un ejemplo a los asuncenos de cómo vivir la ciudad a plenitud.
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