Nunca se me olvidaron las letrinas y el ykua con más barro que agua cerca. Niños y niñas con piques en los pies, piojos en las cabezas, esqueléticos, excepto en las pancitas abultadas de parásitos. Se me grabaron la pobreza y la confesión de una madre: comían una sola vez al día. ¿Y el resto? “Si tengo cocido, les doy mucho cocido en el desayuno para que sientan que tienen el estómago lleno. De noche lo mismo, si hay, con mandioca. O si no, un trago de caña para dormir enseguida, no se siente mucho el hambre”.
Esta realidad de 20 años atrás hoy está multiplicada por millones de hogares paraguayos que viven en la extrema pobreza. Diariamente, cientos de miles de niños van a simulacros de escuelas con estómagos vacíos a intentar concentrarse en tareas escolares que nunca aprenderán. Mirarán números que nunca sabrán sumar, y garabatearán letras que nunca dominarán. Los maestros los irán haciendo pasar de grado sin nunca saber leer, escribir ni sumar, porque si así no lo hicieran, tendríamos un tendal de niños atascados en los primeros años.
¿Quién puede hacer algo con el estómago vacío?
¿Cómo estos niños podrían soñar con competirles a otros que hacen tres comidas al día, mediasmañanas, mediastardes, antes de dormir, degustan gaseosas, postres, energéticos y cereales, algunas veces en bien equilibradas dietas y otras sumergidos en comida chatarra?
Necesitamos cambiar esta injusta estructura de una vez por todas.
Diversos sectores de la sociedad nos uniremos este martes para entregar a parlamentarios patriotas un proyecto a fin de pedir que los tabacaleros paguen un impuesto más justo. No tiene lógica que una empanada pague tres veces más impuestos que una caja de cigarrillos; no es racional la proporción considerando el volumen de los negocios tabacaleros en nuestro país.
Paraguay tiene el impuesto al cigarrillo más bajo de América. Y está en segundo lugar a nivel mundial, solamente debajo de Zimbawe, donde se pagan impuestos más bajos que los nuestros.
Y las cifras del negocio son siderales: solo en el 2006 las tabacaleras fabricaron unos 68.000 millones de cigarrillos, unas 20 veces más de lo que se consume en el país. Hay unas 3.000 marcas de cigarrillos registradas en Paraguay y existen máquinas con capacidad para producir unas 579 cajetillas de cigarrillos por segundo. Nuestro país tiene instalada una capacidad de producción de 100.000 millones de cigarrillos sobre los que se tributa poco… y algunos pagan nada. El exministro de Tributación Gerónimo Bellassai confesaba que solo se estaba recibiendo el 5% de lo que se debería.
En todo el mundo civilizado la lógica ha dictado que el alcohol y los cigarrillos tengan aranceles diferenciales. No debería ser un sueño sino un atrevernos con la realidad.
Con un poco de coraje, patriotismo y un candidato tabacalero a Presidente, ¿quién dice que el mismo Horacio Cartes no nos da una mano y establecer un tributo más justo que permita recaudar más dinero para alimentar y educar niños?
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