Bautizando a la República

SALAMANCA. Por fin se acordaron de uno de los que yo llamo “héroes civiles“, en el momento de bautizar un sitio habilitado para la ciudadanía. La Fundación Texo decidió llamar a su salón auditorio “Carlos Saguier”, a quien yo le adicionaría el sobrenombre de “padre de la cinematografía” en nuestro país. Para la ceremonia del bautizo, se hizo lo mejor que se podía esperar: se proyectó su película “El pueblo”, un film experimental hecho en 1969. Entonces se exhibió muy pocas veces, y luego desapareció de la vista, pues no había caído bien en los círculos gubernamentales y en aquellos que trataban de manejar la cultura a su gusto y paladar; una cultura hecha a la medida de las ideas irracionales que quería imponernos la dictadura.

La racionalidad fue salvada gracias a gente que, como Saguier, se empeñó en realizar su propia obra sin importar que pudiera llegar o no al público. Ya vendrían tiempos mejores en los que esa obra podría ver la luz del día. Por eso no creo que sea exagerado llamar “héroes civiles” a quienes, corriendo muchos riesgos, incluso personales, mantuvieron a flote eso que llamamos “cultura” y que desempeña el papel de un engrudo esencial en el trabajo de mantenernos unidos y reconocernos como parte de un todo a pesar de que discrepemos en nuestras creencias y en nuestra manera de pensar. Son más héroes que muchos de esos nombres que bautizan nuestras calles y que no hicieron otra cosa que asonadas militares, revoluciones fratricidas, golpes de Estado, derrocamiento de gobiernos ilegítimos y también legítimos.

A propósito de ello, me acabo de enterar de que a una importante carretera nacional le quieren poner el nombre del general Lino Oviedo, cuando el aporte más valioso que hizo a la República, en favor de la democracia y la legitimidad de sus instituciones, fue mandar sus tanques de guerra para que bombardearan la fachada del Congreso, que entonces ocupaba el Cabildo. En su interior estaban reunidos senadores y diputados. ¿Es que tenemos una memoria tan corta y una dignidad tan desvalorizada? Hay decenas de personas, de civiles, ciudadanos comunes que entregaron toda su vida, sus esfuerzos, sus pensamientos al Chaco sin olvidar las colonias menonitas. Luego, quienes se dedicaron a trabajar con los indígenas y a salvar sus parcialidades y su cultura, como León Cadogan o el padre Antonio Guasch S.J., autor de un valioso diccionario guaraní-castellano y una gramática guaraní. ¿Cualquiera de ellos es menos importante y digno de atención que un general que solo podía vanagloriarse de hablar alemán?

Hace ya varios años presenté en la Junta Municipal de Asunción una carpeta de documentos pidiendo que una calle se llamara Jorge Isaacs, el escritor colombiano autor de “María” y que, siendo senador en los años setenta del siglo XIX, impulsó una ley para la hermandad de Colombia y Paraguay en solidaridad por los desastres de la Guerra de la Tripe Alianza, una ley que nuestro Congreso nunca le dio trámite. La respuesta que recibí fue que “en este momento no disponemos de ninguna calle”. Sin embargo, tenemos una calle llamada Senador Long, un político norteamericano de ideas y métodos fascistas que tuvo aterrorizado el sur de los Estados Unidos con sus desplantes y abusos. Una suerte de Donald Trump de los años 30. Sigamos esperando que la gente cambie de mentalidad. Por de pronto, hemos dado un paso adelante con el bautizo de esta sala con el nombre de alguien que hizo méritos suficientes para merecerlo.

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jesus.ruiznestosa@gmail.com

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