Chambonadas dignas de premio

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El que inventó la chambonada en Asunción entregaría su premio mayor. Cada semana en la capital paraguaya nos aparecen con una nueva barrabasada, producto de la improvisación y la falta de tino para el manejo de la cosa pública.

Así como existen los premios anti-Óscar o razzies para lo peor, lo ridículo y la mala calidad del cine, debería haber un antigalardón para los que contribuyen a la ciudad con una bazofia. En Arquitectura hablaríamos de los anti-Pritzker.

Los galardones antiurbanidad o antiurbanismo tendrían entre los ganadores de los primeros lugares, por supuesto, a la Municipalidad de Asunción, la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay y la Administración Nacional de Electricidad por su profusa e interminable contribución para afear la ciudad. Entre los fuertes candidatos se debe sumar al Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones.

No sabríamos si decir “mejores” o peores de las chambonadas que se estuvieron cometiendo en Asunción estos días. Aparte de los entretejidos del cablerío, las montañas de basura, las casas patrimoniales que dejan caer y las roturas de los nuevos asfaltos de Essap y el viaducto deforme de la Avda. Madame Lynch y Santa Teresa, dos “obras” o situaciones generadas son dignas creaciones de un chambón.

¿Cómo es posible que ingenieros o técnicos, egresados universitarios, profesionales puedan “errar” tanto en los cálculos para colocar un encauzador de tránsito?

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Esta semana padecieron las consecuencias los conductores que debían pasar por el cruce de San Martín y España cuando se topaban con un montículo de piedras delimitado por un burdo encordonado que debían esquivar en el semáforo.

No hacía falta ojo de buen cubero para darse cuenta de que la “obrita” de marras era desproporcionada y chueca. Finalmente, desmontaron el islote ni bien se puso en evidencia que se trataba de un trabajo de media cuchara, de cuarta, más bien.

Otro chasco que deben soportar a cada momento los asuncenos o sus visitantes es la circulación por la Avda. Costanera. En el momento menos esperado uno se encuentra con que está cerrada, y no precisamente en los puntos de empalme, sino cuando ya los automovilistas están bien metidos en la arteria. Entonces, hay que ingeniarse para retornar o abrirse paso entre conos, patrulleras y otros obstáculos.

A la hora de reclamar no sabemos si hay que recurrir al MOPC, a la Municipalidad –que todavía no recibió la obra–, a la Policía Nacional o a la Policía Municipal de Tránsito. Lo cierto y concreto es que la ciudadanía siempre paga los platos rotos y pasa el mal rato.

Esta ciudad debería manejarse con mayor seriedad y profesionalismo. Con mayor urbanidad y ordenamiento. Y para ello, a veces, solo falta sentido común. Algo difícil de reclamar, al parecer, a nuestros políticos y funcionarios públicos.