De fachada, sin fondo

La ciudad es la casa de todos los habitantes y en ella se reflejan las costumbres y vicios de la población. Una persona acostumbrada a vivir entre la puerqueza y habituada a limpiar la morada solamente cuando va a tener visitas o actividades sociales tendrá un comportamiento similar como ciudadano.

Si en la casa arroja desperdicios por doquier, también lo replicará en las calles y espacios públicos. Dejará que ella se caiga a pedazos antes de darle unos remiendos al revoque o un lavado de cara con pintura.

El mal hábito y la falta de urbanidad de muchos asuncenos, o quizás citadinos que duermen fuera de ella, se refleja en las fachadas, veredas y patios que dan pena al solo mirarlos.

En cuestiones elementales de urbanidad como estas, las autoridades proyectan el ejemplo. ¿Qué menos será el más común de los mortales que los ve a diario?

Esta semana notamos cómo los camiones municipales manguereaban la Costanera porque el intendente de Asunción debía rendir cuentas de su gestión, obviamente con miras a arrancar su campaña hacia la reelección.

Si la norma hubiera sido presentar todos los días examen de cuentas, la ciudad hubiera brillado de arriba a abajo, a lo largo y a lo ancho.

Lastimosamente, una limpieza tan intensa esta vez obedeció a que el acto iba a realizarse pomposamente con la presencia del mismo Presidente de la República y otras autoridades e invitados especiales. Vale decir, hay que esconder la suciedad bajo la alfombra cuando de recibir visitas se trata.

En ciudades como Carmen del Paraná y Encarnación uno puede notar que hay cuadrillas, tanto municipales, como de vecinos, hermoseando los paseos, recortando las plantas y limpiando la Costanera. Esta tarea se ha vuelto la rutina de toda la población, desde los más encumbrados hasta la base de la pirámide social.

¿Acaso tiene que ver con nuestra idiosincracia o tenemos una falta de urbanidad congénita que se viene transmitiendo de generación en generación? La limpieza no se aprende solo en las escuelas y colegios, también se trae de la cuna.

En Itapúa el orden y la pulcritud se reflejan en todos los espacios de la ciudad. ¿Tendrá que ver con el crisol de nacionalidades del que tanto se enorgullecen quienes tienen como capital a la Perla del Sur? ¿O simplemente es un buen hábito que han sabido desarrollar y cultivar?

Da para la reflexión y los concejales junto con el intendente deberían dar el ejemplo.

pgomez@abc.com.py

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