Esto se puede evidenciar en los pasos fronterizos, y en forma muy especial en el puente internacional “San Roque González de Santa Cruz”, cuando muchas familias que desean cruzar la frontera, sea por motivos familiares, económicos o turísticos, deben sortear toda una burocracia que busca desalentar la integración y la movilidad.
Muchos pasajeros se ven obligados a padecer largas horas de espera en las que niños pequeños y adultos mayores son condenados a sufrir las inclemencias para cruzar un puente de tres kilómetros de extensión, que en la práctica no lleva más de 10 minutos.
La lucha de los pueblos, a lo largo de su historia, es por la libertad, por crear las condiciones para el libre ejercicio de sus derechos inalienables, pero debido a la burocracia se cercenan esos derechos.
Desde hace años se viene reclamando a las autoridades de turno, tanto paraguayas como argentinas, respuestas a una situación de creciente necesidad, la de crear las condiciones para que el ciudadano no se vea afectado en un derecho tan simple como inalienable, cual es el de desplazarse de un lugar a otro sin mucho problema.
Estos reclamos no son un simple capricho. La gente realmente sufre penurias que amenazan su salud y violentan su dignidad de persona.
Las autoridades, que cuando necesitan cruzar el puente lo hacen con escoltas que paran el tráfico, y no hacen fila como el común de los mortales, deben dejar los edulcorados discursos de integración y hermandad, y empezar a mejorar las condiciones dando respuestas a las demandas ciudadanas.
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