Podría ser un ejercicio muy saludable para todos los ciudadanos. Mejor si este ejercicio de repaso lo hacemos en reunión tranquila, compartiendo en familia o entre amigos.
El pasado domingo 21 ha sido ejemplar, porque se ha vivido el derecho de votar, para elegir nuestras próximas autoridades políticas, con libertad, respeto, fidelidad a las reglas de juego, con prudencia y reconocimiento unánime de la voluntad de la mayoría, manifestada en las urnas.
Se ha evidenciado que los paraguayos tenemos valores básicos para ejercer la responsabilidad ciudadana al elegir a los dirigentes. Excelente lección que abre la puerta de la esperanza.
Por contraste, el repaso general a la campaña eleccionaria, nos presenta evidencias de la grave situación y bajo nivel de nuestra ética. Me refiero no solo a la ética política (en estado de coma), sino también a la ética social, económica y administrativa, que están con heridas profundas y anemia generalizada. Si no hay terapia de urgencia, el Paraguay está amenazado de enfermedad degenerante como nación.
En demasiados sectores de la gestión política en el ejercicio de gobierno, de la gestión de los partidos políticos dentro y fuera de ellos, de la administración pública en los ministerios, en las instituciones y empresas del Estado, en la administración pública en general, la corrupción está llegando a niveles de endemia.
Es tan evidente, que me ahorra el recuento de hechos e indicadores. Todos los días los medios de comunicación social nos informan de múltiples formas de corrupción. Y es también evidente que los medios no nos cuentan toda la realidad, solamente la que van descubriendo en su investigación de profesionales al servicio de la opinión pública y de la que tienen pruebas con las que pueden defenderse de posibles requerimientos por falsedad, difamación o calumnias.
Por poca imaginación que se tenga y por muy miopes que seamos , nos es difícil pensar que lo que se informa es toda la corrupción que hay y es exagerada. Si hay convicciones y opiniones consensuadas en la opinión de la mayoría de la población, una de las más instaladas es la de extensión de la corrupción en nuestro país.
Lo más desalentador es que esta opinión e imagen del país hace tiempo salieron de nuestras fronteras y nos la reafirman los organismos internacionales dedicados a medir el nivel absoluto y comparativo de corrupción de todos los países. Desgraciadamente, Paraguay está en la cabecera de las listas mundiales de países corruptos.
El daño que la corrupción genera es tan grave que sus efectos difícilmente son mensurables. Pero basta observar lo que la corrupción produce en cualquier ser vivo, para darse cuenta de que esta plaga nos está destruyendo, como destruye el cáncer o cualquier enfermedad mortal.
La corrupción destruye la vigencia de los derechos humanos, socava los cimientos de toda verdadera democracia, mata la confianza en las relaciones humanas personales y sociales, corroe la administración de la justicia, produce leyes ambiguas o arbitrarias y acelera la desigualdad, provoca el deseo de hacer justicia por mano propia, descompone el tejido social y mucho más el tejido moral que hacen posibles la convivencia armónica, justa y en paz. En definitiva es un conjunto de males graves, sin bien alguno, ni siquiera para el corrupto, que cree ganar algo, cuando está destruyendo su entorno para él y para sus hijos.
Los educadores tienen una inmensa tarea, empezando por incluir la historia de la corrupción, desde la caída del Imperio romano hasta las dramáticas y patéticas corrupciones del siglo XX. Enseñemos la naturaleza, las causas y remedios de la corrupción.
Y al próximo gobierno, empezando por nuestro nuevo presidente, Horacio Cartes, les corresponde asumir el compromiso de ponerse en la primera fila de la vanguardia para luchar frontalmente y sin equívocos contra la corrupción.
En su primer discurso, tras conocerse el resultado de las elecciones, el nuevo Presidente dijo que hará todo lo posible por ganarse la confianza de todos. Hágalo, Sr. Presidente y pasará a la historia grande del Paraguay si realmente sana al país de la corrupción y nos levanta la esperanza.
jmontero@conexion.com.py