Estado de la educación

Hablar profesionalmente del estado de la educación en el país es muy difícil, porque la educación en sí es muy compleja y ambiciosa, abarca a todo el ser humano, en todas las edades, en el contexto de diversas culturas en evolución constante y con responsabilidades compartidas y tan diferentes como la familia, el municipio, el Estado y toda la sociedad. Y aunque nos limitáramos a la educación que ofrece el sistema educativo nacional, son tantos y tan diferentes sus componentes y las relaciones entre ellos, que es realmente difícil diagnosticar el estado de la educación.

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La dificultad crece ahora porque desde Febrero del 2017 con la desaparición arbitraria de los consejeros del Conec nos hemos quedado sin la institución que tiene como una de sus funciones principales presentar periódicamente un informe sobre la situación de la educación en el país.

Estar sin información del estado de la educación es grave, porque sin diagnóstico es imposible curar al enfermo con garantías de terapia adecuada y eficaz. Hacer un diseño de proyecto para la transformación de la educación sin saber profesionalmente cuál es realmente el estado de la educación es una aventura a ciegas. Y a la velocidad que corren las necesidades crecientes y las exigencias de los cambios no estamos para perder tiempo y dinero en aventuras.

Se cuenta con datos e informes parciales, pero en mi opinión en este momento no tenemos ningún diagnóstico verdaderamente completo y convincente. Los servicios del Ministerio de Educación y Ciencias, como el SNEPPE ofrecen datos muy expresivos, pero los datos disponibles no son suficientes para detectar claramente los puntos débiles y fuertes de nuestro sistema escolar. Menos aún de todo el sistema.

Algunos informes extranjeros como PISA nos abren los ojos para hacernos ver lo que a nosotros nos cuesta reconocer, por ejemplo, que con Guatemala estamos en los últimos lugares de América Latina en el dominio de conocimientos necesarios en disciplinas fundamentales.

El Banco Mundial, a pedido de nuestro Gobierno, en noviembre del año pasado, entregó un informe llamado “Paraguay: Invertir en capital humano”. Una revisión del gasto público y de la gestión en los sectores sociales” (Salud, Educación y Protección). En el capítulo II dedicado a Educación analiza sobre todo la calidad del gasto público en educación.

Se evidencia que el 4,4% del Producto Interno Bruto que se invierte en educación es insuficiente y que lo invertido no tiene el rendimiento que debería tener. Sus datos son interesantes, pero no constituyen un diagnóstico del estado de la educación.

Ni los servicios del MEC, ni los informes extranjeros, ni el Banco Mundial ni otros informes parciales bastan para hacer un diagnóstico válido, porque nada nos dicen, por ejemplo, del cuerpo de leyes que regulan la educación, que son insuficientes e incluso algunas de ellas con graves errores y hasta en algunos artículos en conflicto con la Constitución Nacional. Los informes nada dicen del sistema educativo como sistema y su relación con otros sistemas del Estado, por ejemplo, con el sistema político, que traiciona al sistema educativo, invadiendo al Ministerio y a los Consejos Departamentales de las gobernaciones usándolos para ocupar cargos y puestos de trabajo con operadores políticos; o el conflicto entre el sistema educativo y el sistema de seguridad que corrompido permite el narcotráfico destruyendo a niños y jóvenes. También el sistema social vigente perjudica al sistema educativo, porque el 30% de la población es pobre y esos padres carecen de educatividad y sus hijos de educabilidad y el sistema educativo no compensan esas limitaciones. Debemos contar con un diagnóstico sistémico del sistema.

Con los informes citados no tenemos diagnóstico pedagógico y no descubrimos las deficiencias pedagógicas del sistema, que van desde la ausencia de fundamentos científicos definidos de nuestra pedagogía (su antropología, filosofía, sociología…), hasta la calidad pedagógica de nuestros educadores profesionales.

Hay indicios suficientes para poder afirmar que en términos generales nuestro sistema educativo tiene un bajo nivel de profesionalidad en todos sus niveles y en la mayoría de sus instituciones. Pero con estas generalidades no se construye un diagnóstico profesional, que es lo que estamos necesitando. No nos bastan las fotografías de partes, necesitamos visión sistémica y descubrir las causas de las deficiencias.

jmonterotirado@gmail.com

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