Esto pasa en todos los ámbitos de la vida, sea en cuanto a la fidelidad matrimonial, en la honestidad de los negocios, en la responsabilidad de los estudios, incluso en nuestras relaciones con Dios, es decir, en nuestra práctica religiosa.
Jesús se dirige, en primer lugar, a los escribas y fariseos, que eran líderes espirituales de la época, mostrando con valentía que ellos no hacen lo que dicen, aunque lo que dicen sea bueno y constructivo, pero no basta sermonear, es necesario testimoniar lo que se predica.
Esto vale para todos los líderes de la sociedad: políticos, militares, sindicales y religiosos, ya que el riesgo de la hipocresía es constante, pues se da la situación en que uno quiere ser elogiado y adulado, aunque manteniendo una doble vida y doble moral.
Además de este carácter doblez, el Señor también critica su ostentación, pues todo lo que hacen es para lucirse, para ocupar los primeros puestos y ser un figureti. Es el caso de aquel a quien le gusta bastante ser llamado “de doctor, de ingeniero, de licenciado...” y de mantener un protagonismo arrogante delante de los demás.
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En seguida, Jesús se dirige a sus discípulos inculcándoles el sentido de fraternidad: no quieran ser “maestros”, pero sean verdaderos “hermanos”. No quieran engreídos aplausos por su sabiduría, pero sigan las enseñanzas del Mesías, que es el propio Cristo, el único que realmente sabe lo que nos conviene y cómo conseguirlo.
De este modo el Señor va estableciendo las bases de la nueva familia de Dios, va mostrando el equilibrio que debe existir dentro de una comunidad cristiana, la armonía entre autoridad y fraternidad, entre liderazgo y servicio, entre competencia y humildad.
Él sostiene: “El mayor entre ustedes será el que los sirve”, será el que habla cosas ciertas y practica estas mismas cosas, sin caer en la trampa de la simulación.
Además, agrega algo que demoramos para entender: “El que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado”. Se humilla en términos de gloria humana, pues no la busca con afán, consciente de que hay muchas vanidades en el mundo. Antes trata de ser fiel a su enseñanza, lo que implica muchas veces remar contra la corriente, pero es el precio de la sinceridad.
Paz y bien.