Evolucionar espiritualmente

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Primero se habló mucho de La inteligencia emocional, luego de la inteligencia espiritual. Esta última es verdaderamente transcendente, porque es la cualidad que eleva al ser humano en otra dimensión, acercándole al Creador y a sus semejantes.

Hoy día, cuando nos referimos al crecimiento interior, señalamos los dones y los talentos que Dios nos ha dado para desarrollar y ser mejores personas. Se trata de dedicar tiempo y espacio a cultivar la paciencia, el amor, el respeto, la templanza, la esperanza, la misericordia y el perdón. Cuántos dolores y sufrimientos soportamos por diversas circunstancias que nos presenta la vida. Esas situaciones las sobrellevamos mejor, mostrando la calma, la fe y la confianza en un Ser Superior. También recurriendo a las oraciones, a los ayunos y a cultos y alabanzas al Señor.

Todos tenemos la capacidad de desarrollar esos valores mencionados en nuestra vida personal. No es precisamente practicar una religión, sino de relacionarnos íntimamente con Dios, a quien debemos colocar en el primer lugar en la lista de prioridades de nuestra existencia. Él tiene siempre las puertas abiertas para recibirnos con todo amor. ¿Por qué será que endurecemos el corazón?

Para cultivar el espíritu, solo hace falta una determinación. Tomar la Biblia, meditar, leer la vida de los santos, orar, cantar, alimentarse sanamente e ir cambiando de a poco, para sanar el cuerpo, la mente y el espíritu. Todos tenemos esta posibilidad.

Las debilidades y tentaciones las podemos vencer con voluntad y fe. El alma es una fuente inagotable de riquezas espirituales que podemos usar, derramando hacia el exterior ternura, piedad y comprensión. El mundo sería más bello y armónico si evitamos la maldad, la ira, la codicia, la envidia, el odio y el rencor, las emociones negativas que nos alejan uno de otros.

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Es fácil descubrir a las personas que llevan el aura de la santidad, están llenas del Espíritu Santo y han desarrollado los dones y talentos que Dios les ha dado. Son la luz y la sal de la Tierra. Cualquiera de nosotros puede llegar a cultivar el espíritu, de tal forma que en su conducta diaria, viva y done esos tesoros valiosos que realmente prueban que fuimos hechos a imagen y semejanza de nuestro Creador. Las gracias divinas no vienen del mundo exterior, sino de lo más profundo del alma. Y es allí donde debemos buscarlas y encontrarlas.

blila.gayoso@hotmail.com