Holganza de mando

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Una vez más queda demostrado que Asunción, en tiempos electorales, se convierte en tierra de nadie, su gobierno está poco menos que acéfalo y cada cual hace lo que le viene en gana.

Por lo general la situación se repite con todas las ciudades y pueblos del Paraguay y al parecer el círculo vicioso siempre prevalece. El mal hábito se ha vuelto la norma y las mismas autoridades municipales hacen la vista gorda porque les “conviene”.

Esta semana muchos damnificados ya se pasaron de la raya. Es comprensible la emergencia que viven nuevamente con el avance de la riada, pero el derecho de uno termina donde comienza el de los demás. Y esta es una premisa que sirve aquí y en el más recóndito lugar del planeta, salvo que la población esté compuesta solo de primates.

Impotentes los vecinos de la Avda. Itá Ybaté (21ª Proyectada) fueron testigos de cómo el paseo central y las veredas estaban siendo quebradas y horadadas con palas y barrenas para la colocación de los horcones para las viviendas precarias.

Lo mismo pasó en la misma Costanera que tantos años y dinero costó conseguir. Un grupo de damnificados montó sus casas perforando el pavimento de la misma forma. Esta práctica solo debilitará la carpeta asfáltica y con cualquier raudal los materiales serán arrastrados.

La Resolución 1307/15 que dictó la Municipalidad de Asunción prohibiendo la instalación de afectados por la crecida en espacios de dominio público hasta ahora es letra muerta y al parecer sólo fue emitida como un mero formalismo.

Las autoridades comunales –empezando por el intendente, los directores y los concejales– no se preocupan de enfrentar la situación y prefieren dar rienda suelta a un carnaval. Asintieron tácitamente a todo y para todo demostrando una irritante laxitud.

La razón es muy sencilla: en vísperas de elecciones no se puede arriesgar un solo voto. De este modo, cada elector se cree amo y señor de las calles, las veredas, los paseos y las plazas. Y hace lo que quiere aprovechando el jolgorio. Aunque después los chuten y reboten.

Los pasacalles, banderolas, afiches y calcomanías se extienden como una epidemia incontrolable en la ciudad. Pegan calcomanías hasta en los medidores de la ANDE.

Por poco, lo adhieren en las espaldas de la gente.

Y esos son los mismos candidatos, que buscan el rekutu. Los que en su momento aprobaron las ordenanzas, los amos y verdugos de la creación urbana.

Pero no todo está perdido y el Paraguay “no está muerto” como lo ha dicho el papa Francisco. Varios jóvenes decidieron salir a las calles a limpiar la ciudad que enchastan los políticos, a quienes no molesta la puerqueza visual.

Evidentemente tenemos jóvenes que no quieren ser jubilados ni quieren vivir en una porqueriza urbana donde los gobernantes padecen de holganza de mando.

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