Las ovejas

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Las ovejas son animales inconfundibles. Los corruptos y demás delincuentes también son inconfundibles. Estos son conocidos por sus fechorías, cuyos beneficios lucen hasta a plena luz del día, cual lana la oveja. Muchos llegan a tener “fama” nacional.

Hay cientos de personas que de la noche a la mañana se han transformado en “lanudos”, verdaderas ovejas de las mejores razas, que van de un lugar a otro con su lana de dudoso origen, haciendo gala de una caradurez envidiable. Y con decir “dudoso” uno puede pecar de inocente, porque generalmente no hay ninguna duda de que las fortunas que exponen vienen de la corrupción, en el mejor de los casos, y directamente del bandidaje delictivo en otros.

Ciertamente el Estado es especialista en “procrear” este tipo de ovejas. Cuántos ejemplares similares de ovinos heredamos por ejemplo del reciente Gobierno liberal, que en apenas un año desperdició millones de dólares que fueron a parar en proyectos inconclusos que enriquecieron a sus propiciadores e intermediarios. Los gobiernos colorados, empezando por la dictadura, han dejado igualmente miles de lanudos, unos más conocidos que otros.

Y lo peor es que este tipo de ovejas se han metido en todos los callejones del poder y la administración pública, y los bandidos campean gracias a la impunidad de unos y la complicidad de otros en todas las regiones del país, con la suficiente fuerza y ferocidad para acallar a quien se les cruce en el camino. O si no que lo diga nuestro asesinado colega Pablo Medina, cuyos sicarios siguen sueltos.

Hay “ovejas” que hacen daño al país desde el Parlamento, la Justicia y el Poder Ejecutivo; desde entidades intermedias y organizadas en pandillas de ladrones y asesinos que recorren el territorio a sus anchas, sin que policías y jueces puedan ponerles freno –seguramente se miran y descubren que son de la misma especie, y no se hacen daño–.

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En contrario, los que no llevan la lana de la corrupción o del bandidaje tienen todo tipo de obstáculos en su afán de construir un país diferente.

Me consta, por ejemplo, el esfuerzo transparente de los industriales metalúrgicos que tratan, contra viento y marea, de que las torres de alta tensión se fabriquen de ahora en más en el país. Esto si les dejan la ANDE y los organismos financieros internacionales. Los metalúrgicos tienen inversiones verificables e intenciones a prueba de polígrafo.

Ahí están también los directivos de la Cooperativa Ferroviaria, que ya pecan de inocentes defendiendo los bienes del ferrocarril y tratando inútilmente de hacer valer un acuerdo para instalar, con apoyo financiero europeo, un nuevo servicio de trenes. Pueden más la topadora del MOPC y la sinrazón de Fepasa; pueden más los intereses de las “ovejas” que venimos describiendo.

Pobres las ovejas verdaderas, que no se merecen esta comparación, pero de alguna forma hay que decir que los corruptos y bandidos son muy visibles en este país, son identificables, en su mayoría a simple vista, solo que tenemos un Estado a la medida de ellos, cómplice y embustero.

jobenitez@abc.comn.py