Con la conquista de la democracia en la mayoría de los pueblos latinoamericanos, esos grupos violentos desaparecieron casi totalmente. El EPP se creó en forma tardía, trasnochada y con una ideología política obsoleta. Combatir con violencia la oligarquía imperialista es un anacronismo cuando EE.UU. y Cuba se toman de la mano y los comunistas chinos consumen McDonalds en Pekín.
El grupo criminal no existiría si el Norte no fuese zona privilegiada del narcotráfico. Dos negocios ilícitos se complementan: Los delincuentes armados cuidan los cultivos de marihuana y el tránsito de la cocaína y los traficantes pagan buen precio por el servicio.
Los “narcopolíticos” también contribuyen, a su manera, con el EPP. Reciben dinero de los traficantes de drogas para solventar sus campañas proselitistas y luego, cuando son autoridades públicas, devuelven el favor protegiendo a los malvivientes.
La pobreza en que viven las familias campesinas del Norte facilita el reclutamiento de “soldados” para el grupo criminal. Pobres, marginados, sin educación, sin presente ni futuro, algunos jóvenes son presa fácil de los líderes extremistas que les inculcan el odio a la sociedad burguesa y les prometen un hipotético paraíso socialista.
Muchos campesinos trabajan la tierra honesta y sacrificadamente, pero los frutos económicos de su esfuerzo son muy escasos. Con frecuencia, los productos no tienen buenos precios, los caminos de salida están en muy mal estado y los créditos obtenidos de la banca agrícola son muy difíciles de devolver. La vida es muy dura para esta gente y, por si fuera poco, sobrevive en una zona donde, en cualquier momento, miembros del grupo armado pueden aparecer y exigir apoyo alimenticio o sitio para escondite.
Los labriegos que viven en humildes ranchos en las compañías de Arroyito, Tacuatí, Horqueta y otras localidades de los departamentos de Concepción y San Pedro, no deben ser vistos como cómplices o encubridores de los terroristas del EPP. Ellos ya estaban allí cuando surgió el grupo y su situación de pobreza les impide migrar hacia zonas más productivas y menos peligrosas.
El cruce de acusaciones de inutilidad, por un lado, y de complicidad, por el otro, en la lucha contra el EPP no conduce a nada. Las autoridades no deberían concentrarse en buscar fotos viejas de excompañeros de colegios ni los opositores recargar las baterías de ataques para demeritar la labor de los militares, justo cuando hay muchas familias llorando a sus muertos.
El EPP es un grupo minúsculo, en tanto los ciudadanos, en absoluta mayoría, queremos un país en paz y bienestar. ¿Por qué no buscamos juntos cómo erradicar el cáncer en vez de pelearnos entre nosotros?
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