Esto ya se veía venir por los cambios de funcionarios que empezaron hace unos meses en Salud Pública, uno de los principales bastiones del oficialismo colorado. Afectó principalmente a Misiones.
Es el resultado del cacicazgo de larga data que aflora con ímpetu, teniendo como botín los cargos públicos y jugosos salarios.
Durante el régimen del Gral. Alfredo Stroessner era el dictador el que daba las órdenes que se cumplían a rajatabla. Ahora hablan del “Patrón” que marca el rumbo.
La práctica clientelista no es una prerrogativa solo de los colorados, porque también los liberales e incluso movimientos de izquierda cayeron en el mismo juego de la politiquería: la repartija de cargos a los incondicionales y la destitución de los que piensan diferente o van a otras carpas.
Es una prueba de la escasa evolución como persona y como líderes políticos, que en vez de tener una visión amplia con planes para el desarrollo caen en persecuciones partidarias y compiten como aves de rapiñas.
De esta manera empieza el proselitismo virulento que pueden tener repercusiones en las elecciones generales. La campaña se caracteriza por la verborragia, amenazas y reacomodos de los que se alinean.
La política no es una práctica para buscar ventajas. Es la búsqueda del bien común y del bienestar. Dirán que eso figura nada más en el plano de las ideas, pero la política no puede apartarse ni de la ética ni de la filosofía ni de los principios y valores.
Si en la práctica los dirigentes hacen trizas de las normas de convivencia y de la doctrina de sus partidos, significa que los políticos o son simples mercaderes, oportunistas o aprovechadores para llegar al poder en desmedro del país y de la población en general. Y es una lástima que en pleno siglo 21, enredos de antaño no se puedan superar.
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