Preparar el camino

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El Evangelio proclama: “Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”.

Es la predicación de Juan Bautista, que retoma las palabras del profeta Isaías y, esta indicación debe mantenerse viva por todos los siglos, ya que es esta la obligación y felicidad del ser humano.

El profeta usa términos de la geografía, como “desierto, rellenar los vales, aplanar las montañas” y otros.

Hoy día, delante de las brutales agresiones a la naturaleza, de cierta manera, podemos entender el urgente cuidado con la ecología, sea la preservación de las florestas, del agua potable y del aire que respiramos. Pero, si el ser humano no cambia su corazón materialista, tampoco va a cambiar el modo como trata la naturaleza.

Por ello, “preparar el camino del Señor” presenta un significado más profundo, pues se refiere al modo como uno se relaciona con Dios y cuanto tiene de honestidad consigo mismo.

“Allanar sus senderos” es no poner frívolos obstáculos para la acción liberadora de Dios, como la falta de autodisciplina delante del consumismo, ya que por estos tiempos hay un feroz marketing hacia todo tipo de compras y derroches, a tal punto de que uno “compra lo que no necesita con la plata que no tiene”. Y, después se queda agobiado por esa impulsividad que genera deudas, y de repente, carencia de cosas importantes.

“Preparar el camino” es reconocer que Dios debe entrar en nuestro corazón, y para tanto, es imperativo que la egolatría dé un paso al costado y que no estemos tan satisfechos con nuestras mezquindades, aunque seamos hábiles para dar varias interpretaciones. Es mirar el propio interior y admitir que uno necesita madurar, que es imprescindible ser más sencillo y tomar la iniciativa para resolver sus problemas ahora, sin postergaciones.

La expresión “preparar el camino” es sugestiva, ya que manifiesta la necesidad de no improvisar, de organizarse para ser más solidario y más dedicado hacia los demás, pues pasar el tiempo cuidando de su egoísmo es trayecto seguro de frustración.

Hemos peregrinado a Caacupé, lo que es bueno, sin embargo, es fundamental aprender con María la peregrinación hacia los verdaderos valores, que es tener un corazón más generoso y una conciencia más limpia.

San Pedro insiste en que allanar los caminos exige una conducta sana, pues esto, de algún modo, acelera la venida del Señor.

Es cierto: cuanto más vivimos de modo coherente, más manifestamos que la gracia divina está operando en nuestra alma, y por lo tanto, beneficiando a todo el mundo.

Paz y bien 

hnojoemar@gmail.com