Querer renacer

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Resurrección es una de las pocas palabras que aún conserva cierta pureza dentro del pensamiento actual. Se usa para decir que queremos volver a vivir pero de otra manera, que necesitamos comenzar todo de nuevo, ser mejores, creo que, al fin, amar para estar en paz. Fuera del contexto religioso se suele utilizar otras palabras: renovación, revivir, renacer, resurgir, rebrotar y aún muchos otros sinónimos. Todos son términos energéticos que nos alientan a seguir de otra manera, a corregir los errores que hemos cometido principalmente en algún aspecto de nuestra vida.

Este querer cambiar lo traemos desde pequeños. Quién en su niñez, cuando inicia su cuaderno escolar inmaculado, no se promete en silencio que estudiará, que no borroneará, que usará regla para subrayar. Pero siempre hay alguien cuya prolijidad no puede ser superada fácilmente. Sin claudicar en la lucha positiva, debemos llevar el objetivo de ser mejores a lo largo de los años y prestando atención descubriremos en qué somos buenos.

Hay trastornos que se están multiplicando y asentando con una rapidez preocupante, tales como la crisis de identidad, despersonalización, desrealización. Por eso es necesario no perdernos de vista a nosotros mismos. Cuando uno crece en todas sus dimensiones, no se compara ni se frustra, porque al reconocernos y aceptarnos dejamos de exigirnos virtudes-bondades que no tenemos y a potenciar las que sí. Sencillamente somos quienes somos, con posibilidades de superarnos personal y profesionalmente.

La riqueza que aportamos en las relaciones sociales radica en el potencial de mostrarnos auténticos y siempre renacidos.

¿Qué significa renacer para cada uno de nosotros? Hay un concepto muy común, transmitido por películas y telenovelas, de creer que uno vuelve para ser más fuerte y poderoso, para ponerse por encima de otros. Traducido sería tomar revancha o venganza, la carroña de los sentimientos.

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Podemos resucitar después de haber superado una enfermedad grave, un accidente, una desilusión, un fracaso. Muchos durante este periodo piensan en la muerte como un escape. ¿Cuántas veces hemos estado cerca de morir? si lo estuvimos, ¿cómo lo superamos?

Sabemos que la muerte no siempre es física y que peor es vivir en eterna agonía, en ese “horno cerrado que reduce el corazón a cenizas” como llamaba Shakespeare al dolor oculto.

Quizás esto es lo que tenemos que poner en claro en las distintas etapas de nuestro transitar terrestre. No todo el tiempo lucharemos por las mismas metas, pero sean las que sean nuestros valores humanos, morales, éticos, deben permanecer. Reconocernos limitados –que no significa “ser menos”– en un tiempo y espacio, nos aclara la mente para ser efectivos. Brotes tendremos que se transformarán en amor sea por los hijos, a qué nos dediquemos laboralmente o a la búsqueda de la verdad y belleza. Miguel Ángel anhelaba la libertad y elevación del espíritu a través del trabajo en mármol, nada menos. No tenemos ni ápice del genio, pero podemos aplicar como él la fe y la fuerza en todos los desafíos y dificultades.

lperalta@abc.com.py