Hace más de 20 años cayó la dictadura en Paraguay, cuando dejó de servir a los intereses de casi todos y ya era un obstáculo para nuevos poderes fácticos. Sin embargo, aquella actitud autoritaria siguió y sigue vigente en los actores políticos que ven a la convivencia ciudadana como una cuestión entre patrones y empleados.
Buena parte de lo que ocurrió durante el estronismo se intentó tapar desde un principio, porque los desmanes, los latrocinios y los crímenes involucraban a “gente importante” que se había apropiado de bienes o que había consentido, por acción u omisión, persecución, despojo y desaparición de sus compatriotas.
En el fondo, la mayoría de quienes realmente sostuvieron el régimen dictatorial no sufrieron molestia alguna. En parte, porque entre los responsables estaban muchos de los que contribuyeron a su caída y, en parte, porque la mayoría de los defenestrados rápidamente se mimetizaron, se reubicaron y pasaron a ser también “demócratas”.
Varios de ellos, conocedores de los tejes y manejes en la estructura del Estado, aprovecharon para seguir haciendo lo mismo, “en democracia”.
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Son muchos los “riquelmes” que se apropiaron de tierras fiscales. Algunos operaron desde el Congreso para evitar leyes o maniobrar nombramientos y minimizar riesgos “para el partido” y sus capataces. Eso no fue casual, sino bien pensado para evitar que afectase la reputación o los intereses de algunos mandamases.
Por ejemplo, la designación como Defensor del Pueblo de Manuel María Páez Monges, exfuncionario colorado de la dictadura, un burócrata sin ningún antecedente previo en actividades de defensa de los DD.HH., tuvo el expreso objetivo (ampliamente logrado) de que todo lo que tuviese que ver con las víctimas del estronismo pasase a un segundo plano y consistiese simplemente en engorrosos y –en algunos casos– hasta fraudulentos trámites para cobrar indemnizaciones.
El 20 de setiembre de 2006 la Junta de Gobierno del Partido Colorado rindió homenaje a Stroessner, parados sus integrantes, algunos de ellos muy conocidos, como Juan Carlos Galaverna, inclinando la cabeza, en señal de inexplicable respeto a la figura del dictador.
Hay otro personaje, delator durante la dictadura (según él mismo admitió), que funge de ministro de la Justicia Electoral.
El pasado vuelve a ramalazos. Algunos jamás se arrepintieron de lo actuado. Algunos eran felices y no lo sabían. Otros, que supuestamente se opusieron a la dictadura, luego homenajearon a su representante (¿será que solo lo traicionaron y luego tuvieron algún cargo de conciencia?).
Gane quien gane las elecciones de abril, seguiremos teniendo entre nosotros a varios personajes, inclusive en altos cargos, como si nada hubiera pasado, como si tanto dolor y muerte no hubiesen servido de nada.
No deberíamos olvidar, para no repetir, nunca más.
mcaceres@abc.com.py