Transferencia mental

Avanzan las investigaciones de un proyecto científico increíble y provocativo: la “transferencia mental”. La transferencia mental es una intervención tecnológica en el cerebro humano para digitalizar todo lo que hay en la mente y transferirlo a una computadora. Una vez transferido lo que hay en las neuronas del cerebro a la computadora se podrá trabajar con ello para lo que se desee saber de la personalidad cuya mente fue transferida o poder, por ejemplo, completar sus pensamientos científicos no desarrollados, etc.

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La cantidad de cuestionamientos que levanta este proyecto es ilimitada. La imaginación de cada uno nos puede llevar muy lejos. De hecho la noticia de este proyecto ha provocado polémica mundial. La Universidad de Helsinki ha investigado sobre las distintas opiniones con cuatro estudios y 952 voluntarios. Rechazan el proyecto grupos de personas con una moralidad sexual severa y personas de criterios morales que tienen una convicción religiosa tradicional. Igualmente lo rechazan los adictos a la pornografía y otros comportamientos sexuales afines.

Hay también, como dice el informe de la Universidad de Helsinki, presentado por Tendencias 21, quienes acogen con interés esta tecnología: son personas con temor a la muerte o que condenan el suicidio. Muestran la mayor adhesión las personas vinculadas a la ciencia ficción. El entusiasmo es compartido igual por hombres y mujeres aunque se manifiestan más los hombres.

La transferencia mental es un caso más de descubrimientos científicos y tecnologías que nos sumergen en un futuro cada vez más presente para el que no estamos preparados. y lo más inquietante es que por eso mismo tampoco estamos preparando a los niños, adolescentes y jóvenes, que vivirán eh un mundo totalmente diferente, al nuestro, en el que las novedades tecnológicas serán cotidianas y revolucionarias, con lo cual serán extraños marginados en su propia tierra.

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Esta tecnología plantea problemas éticos y jurídicos de máxima relevancia. El derecho a la intimidad y a la privacidad de la propia conciencia, así como la legislación que los protegen quedan amenazados.

Los psicólogos se cargan de preguntas, que pueden ir desde preguntarnos ¿cómo serán mi vida, mis pensamientos y mis relaciones humanas si sé que se va a conocer todo lo que hay en mi mente?; hasta preguntarnos ¿cómo seremos las personas sin misterio? 

Es evidente que la cadena de preguntas posibles es acumulativa y nos conduce a otras de orden filosófico: ¿qué y cómo será el ser humano si esta tecnología de la transferencia mental progresa y se pone en práctica indiscriminadamente?. Por la misma quiebra del modo de ser y vivir actual, también los antropólogos lanzan sus cuestionamientos. ¿Cómo continuará la evolución del ser humano? ¿Cuáles serán sus nuevas costumbres? ¿Cómo será la educación? 

Ciertamente el impacto de esta tecnología, como el de otras que van apareciendo, está transformando la vida social y a la sociedad en sí misma. Por eso los sociólogos viven en estado de alerta profesional para poder entender lo que pasa. La tecnología de la transferencia mental tiene todavía muchas y difíciles dificultades, que sus investigadores confían superar, pero en cualquier caso, el anuncio del proyecto, unido al optimismo de los científicos en general y especialmente neurólogos, han desencadenado junto con filósofos el movimiento del transhumanismo.

Ante este panorama y los horizontes correspondientes, los paraguayos tendremos que tomar postura. Podemos seguir siendo espectadores pasivos desde la cuneta del mundo, entretenidos con el barro de la corrupción. Podemos también informarnos dónde están las pistas de los que progresan y aprender a correr nosotros también. Y desde luego podemos tomarnos en serio la educación para que, al menos los niños, adolescentes y jóvenes sean protagonistas en el siglo XXI y dejar de ser todos espectadores un siglo más.

Es posible y necesaria una educación diferente a la que tenemos organizada y estamos ofreciendo. Hay políticas elementales de educación que están ausentes, como la política financiera (con poco más de la mitad del mínimo necesario) y la política de estabilidad en el gobierno del Ministerio. Es imposible que funcione la educación si en los diez últimos años hemos tenido ya siete ministros y ahora tenemos el octavo. En el año 2018 tendremos tres ministros en nueve meses. Con o sin transferencia mental, otra educación es necesaria.

jmonterotirado@gmail.com

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