Tu nombre nos sabe a caos

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‘Tu nombre me sabe a hierba’, canta Serrat. 

En la misma línea le diría al señor Cartes: su nombre nos sabe a crisis, caos, violaciones constitucionales, atropellos, aprietes, confusión, incertidumbre e inestabilidad. 

Para alentar y convencer de la candidatura de Cartes, sus acólitos prometieron el cielo: Ejecutivo exitoso, va a administrar con éxito el país. Necesitamos una visión empresarial para el desarrollo. Al fin alguien que no necesita robar. Este señor cortará las manos de los ladrones. 

Horacio Cartes creyó que así como podía comprar un partido y alquilar una candidatura, esto también lo habilitaba a comprar el país. 

Quiso ser reelegido y arrojó sus hienas sobre los demás poderes del Estado y las instituciones. Un ejército de políticos, diputados, senadores, abogados y sus gerentes atosigaron tratando de interpretar lo que NUNCA debió ser interpretado, solamente cumplido: la Constitución Nacional. Nos llevaron a graves crisis institucionales que nos costaron la vida de Rodrigo Quintana y la degradación moral de instituciones. Hicieron firmar a muertos, atropellaron el Congreso con una de las sesiones más fraudulentas de la historia donde nos dijeron que ellos eran la ley. Mostrarnos los dedos del medio fue la representación material más acabada de lo que nos hacían. 

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Cartes logró que emblemas de la oposición y la resistencia en Paraguay se doblegaran. Nos probó que con dinero se puede torcer los espinazos de los seres humanos y de la ley. Compró a algunos que creíamos imposible comprar. 

Y en lugar del ‘nuevo rumbo’ aquí vamos ahora... a los tumbos, como a los tumbos nos tuvo estos cinco años. Paseándonos por las cornisas de la incertidumbre, los antojos, los caprichos y las ambiciones. Por las esquinas de la miserabilidad de las traiciones y las recaudaciones. 

Y en lugar del ‘honor colorado’ aquí vamos en comparsa detrás del ‘horror colorado’, negocios privados, vicios públicos. Monumentales fortunas. Un revuelto de poder y dinero, de llamadas, de gerentes, de áreas de recaudaciones. De manto de impunidad e inmunidad con el concierto de instituciones complacientes. 

Hoy es domingo, y para la hora que Ud. leerá este comentario, cualquier cosa pudo haber pasado. Sin embargo, hay algo que con certeza habrá pasado: habrá jurado Óscar González Daher, actor principal del escándalo más grave de barbarie judicial ocurrida en el país, alguien que debería estar preso. 

El es un símbolo desvergüenza, de injusticia, de sometimiento. Pero con su caso, paradójicamente, vinieron las esperanzas: los chicos “Hagan Lío” que entregaron los audios nos dieron un regalo y abrieron un camino que ya no tiene retorno. La cloaca se ha abierto y ningún juez, fiscal o abogado podrá cerrarla con impunidad sin ser llamado vendido. La actitud de los “Hagan Lío” inspiró: se ha perdido el miedo. La represa se ha roto, la gente está hablando, está denunciando. Algo pequeñísimo está cambiando.

mabel@abc.com.py