¿Será su Facebook? ¿O un mensaje en su Twitter? ¿Será el Waze que le advierte de algo o un mensaje de texto? ¿No será el WhatsApp? ¡Seguro que es el Viber! ¿O un mensaje de su Hangout? ¡Puede ser su Skype! ¡O el avisador de su calendario! ¿Y si fuera el notificador de su aplicación de CNN en inglés o la notificación de mensajes de ABC Color? ¿Será un SMS o un MMS?
A esta altura ya siente que un sudor frío lo recorre y ya no escucha a quien le está hablando enfrente. Se mueve nervioso, algo lo llama, lo atrae, lo provoca y desafía; es como un imán, es más poderoso que su propio cerebro y su razón. La curiosidad devora su equilibrio, lo quema, ya solo ve una figura frente a usted, su voz ya dejó de sonar hace rato y ahora olvida hasta su rostro, porque lo mira pero no ve a quien está frente a usted, hablándole de algo que para esa persona es importante.
Pasan más breves segundos –que a usted le parecen interminables–, empieza a retorcerse con mayor inquietud y se levanta una maratónica pelea entre su razón y su corazón. Entre la persona que está hablándole enfrente y su celular. Tras esos decisivos segundos –donde hace varios que no oye ni ve nada– un impulso no pensado hace que saque el celular y con desesperación lo empiece a manosear de arriba a abajo buscando qué pasó, quién le habla, qué le dijeron, de qué no se enteró, qué ocurrirá, a quién contestará.
Y mientras hace esto, la persona que está frente a usted se esfuma, se funde en un paisaje congelado donde pierde la voz y hasta la existencia. Usted lo ningunea, lo declara poste, le hace sentir que diga lo que diga, sus problemas, sus inquietudes, el compartir con usted, el mirarle a los ojos, su vida o su muerte, nada importa frente a su celular.
Es el phubbing.
Hasta el jueves no sabía que el despreciable acto de menospreciar a un ser humano por atender más un celular o cualquier otro aparato electrónico se llama phubbing.
Me puse a revisar mi propia conducta y terminé avergonzada. Debo estar practicando el “phubbing” cuanto menos unas 50 veces o más por día, en el mismo trabajo ignorando cuando me hablan superiores o subordinados, con mi familia, en reuniones con amigos. Reunirse con seres especiales, ir a comer con alguien, estar con los niños o con un amor se ha convertido en espacios donde practicamos phubbing con total entusiasmo y devoción.
Los que cuestionan este hábito aseguran que casi el 90% de los adolescentes hoy día prefieren el contacto vía mensajes de texto antes que pararse frente a frente. Y que los restaurantes experimentan hasta 36 casos de phubbing por evento, sea almuerzo o cena.
Yo conté 50 por día, y usted, ¿cuántas veces por día se desconecta de la gente y conecta con su celular o tablet?
mabel@abc.com.py