“Como último acto de protesta, Ortigoza quería sacarse la vida”

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El capitán Modesto Napoleón Ortigoza, el ex preso más antiguo de América, falleció el pasado miércoles a los 73 años. Apenas gozó de 18 años de libertad en su vida adulta. A pesar de tantos años de infortunio, murió rodeado de su esposa, hijas y nietos. Ortigoza fue un retrato de la tragedia que vivió el Paraguay durante la dictadura del general Alfredo Stroessner.

En esta tercera y última parte de una entrevista con Hermes Rafael “Rambo” Saguier, quien lo ayudó a escapar a la libertad en 1988, el abogado y político relata suscintamente el sorprendente desenlace de su matrimonio, las intrigas que condujeron al capitán a las celdas de la podredumbre, la propaganda oficial que intentó convencer a la opinión pública de su culpabilidad y la providencial aparición de un valiente sacerdote que expuso el pellejo para salvarlo del fusilamiento.

-La dictadura destruyó a mucha gente...

-Muchísima gente: matrimonios, familias enteras. En todos estos episodios también mucha gente sobrelleva con fortaleza y con dignidad la tragedia. Lupita dejó al capitán porque él mismo insistió con todos los miembros de su familia que lo dejaran solo: madre, esposa, hijas. Como le dije, cuando estuve preso cerca de él, yo mismo fui testigo de los ruegos que le hizo a su madre en el 82. En síntesis, Lupita formó otra pareja porque Ortigoza le pidió que lo dejara.

-Era como la viuda de un muerto civil...

-Una cosa es clara. Como último acto de protesta, él quería sacarse la vida. Deseaba que en ese gesto final y heroico, le acompañase su subordinado y compañero de desgracia, el sargento Escolástico Ovando. Pero mientras Ortigoza planteaba su lucha en la rebelión hasta el extremo del propio exterminio, Ovando desarrollaba una defensa de sobrevivencia, una sobrevivencia callada, silenciosa. Aun así le tuvieron preso siete años más después de cumplida su condena de 15 años. En un momento de crisis, el capitán quiso eliminar a Ovando y luego suicidarse él.

-¿Cómo?

-Fue así: Ovando salvó la vida milagrosamente. Ortigoza agarró un cuchillo y trató de cortarle la yugular. No le hizo daño porque hacía frío. Ovando tenía un pulóver hasta el cuello. Después Ortigoza trató de cortarse las venas, pero lo auxiliaron a tiempo...

-Era como una lucha contra la muerte, aunque también podría decirse: por la muerte...

-Ovando comprendió perfectamente la desgracia de su jefe y aquel incidente no pesó en su ánimo. Lo que pasa es que uno encaraba la lucha con criterio de sobrevivencia y el otro con el criterio rebelde. Pero, para que vea, el destino también depara cambios inexplicables. El caso no terminó ahí...

-¿Ah, no?

-No. Roque, que era un coronel más antiguo que Ortigoza, murió hace unos años. A partir de ahí, Lupita recompuso la relación con su marido. El también ya se había restablecido lo suficiente y murió rodeado de su esposa, hijas y nietos. Pero es necesario hacer un reconocimiento especial para este coronel en un país enfermo de machismo...

-¿Lo conoció usted?

-Lo conocí, sí. Fue un tipo con un alto concepto del honor y la dignidad.

-¿Por qué habrá sido Ortigoza el elegido para esta tragedia?

-Sin duda es una consecuencia natural del estado autoritario, de las intrigas cuarteleras para poner fuera de combate a oficiales brillantes con los que los mediocres no pueden competir. Detrás de él, muchos militares, civiles, creo que más de una centena de inocentes, fueron víctimas...

-Dicen que fue una razzia ordenada por Stroessner contra supuestos conspiradores de su Gobierno...

-Por alguna razón que desconocemos, sobre la que se tejen tantas conjeturas, el cadete Anastasio Benítez, quien parece que fue un camarada de Freddy Stroessner, fue muerto bajo torturas en Investigaciones por el tristemente famoso torturador Riveros Taponier, y su jefe, el coronel Ramón Duarte Vera, diseñó el plan con Edgar L. Insfrán para incriminar a Ortigoza, uno de los más respetados oficiales de la época en la Caballería. Ellos sabían que Stroessner le tenía ojeriza y que no le desagradaría verlo afuera.

-Con testigos falsos...

-Con torturas y testigos falsos para incriminar a quienes se les antojaba...

-Como hicieron los wasmoargañistas en el 99 para derrocar a Cubas...

-Todo esto exigía el concurso de testigos falsos. En este caso se reclutaron vendedoras de flores de La Recoleta y un joven de apellido Maldonado. Este dijo haber sido testigo presencial del momento en que el capitán Ortigoza levantaba al cadete Benítez en las inmediaciones de La Recoleta y lo llevaba al lugar en que finalmente sería asesinado. A partir de ahí, los nombres de “oficiales vinculados” salieron a borbotones. La cacería se extendió a colorados considerados opositores que fueron bárbaramente torturados, siendo uno de los más conocidos, Enrique Riera. En enero de 1963, Edgar L. Insfrán dijo en un discurso que el capitán Ortigoza era el infiltrado del “comunismo moscovita” en el Ejército y “agente del castrismo”. Sobre la base del caso del capitán se montó una obra de teatro que recorrió todo el país, para predisponer a la opinión pública contra los perseguidos...

-Igual que en el 99; ¿cómo se llamaba la obra?

-Kurusu Cadete. La propaganda inventó que salía agua milagrosa del lugar donde supuestamente murió el cadete. Había gente que daba fe de que el Kurusu Cadete devolvía la vista, que hacía caminar a los paralíticos, curar a los enfermos de males terminales, etc...

-En ese clima le condenaron a muerte...

-Exactamente. Todo el proceso militar fue una farsa. Su abogado, Alberto Varesini, tuvo que escapar del país para salvar la vida. Militares en actividad enviados por Duarte Vera lo golpearon en las inmediaciones de su casa. Uno de los que fueron identificados se llamaba Hugo Anzorregui.

-¿Lo iban a fusilar realmente?

-Estaba todo previsto para el fusilamiento. Eso despertó la sensibilidad del padre Josué Arketa, director de la entonces radio Cháritas. En su audición “De Corazón a Corazón” se armó de coraje y denunció que iban a fusilar a un hombre inocente. Su prédica provocó un cambio total en la opinión pública dormida por la propaganda oficial.

-Stroessner tuvo que suspender la ejecución...

-La conmuto a 25 años. Se decía que el sacerdote había recibido en secreto de confesión la información completa del caso Ortigoza, que lo liberaba de toda responsabilidad y Arketa advirtió que haría pública la historia completa si Ortigoza llegaba a ser fusilado. Fue entonces que Ortigoza no fue fusilado, pero Arketa expulsado.

-También hubo muertos...

-El sargento Brítez murió en prisión, afectado de una dolencia. Las condiciones de prisión eran terroríficas. No permitieron que lo vea un médico. Por ejemplo, murió una hija del capitán Ortellado, pero no le permitieron ir a su velorio. La mujer le trajo el cadáver de la hija muerta a su lugar de detención...

-¿Dónde?

-Todo se desarrollaba en la Central de Policía, ahí sobre El Paraguayo Independiente. En los años setenta, los opositores encarcelados salían impresionados por los diálogos que, celda de por medio, mantenían con el capitán Ortigoza. Uno de ellos, Horacio Galeano Perrone, dijo haberse prometido a sí mismo hacer algo por Ortigoza. Cuando fue nombrado ministro de Educación en el Gobierno de Rodríguez, lo ubicó como director de Museos. La oposición, las organizaciones de derechos humanos lo tomaron como un símbolo para la lucha contra las arbitrariedades de la dictadura. Fue el preso político más antiguo de América, una triste marca apenas superada por algunos prisioneros cubanos y africanos.

-¿Desde aquel suceso con Ortigoza es que lo llaman “Rambo”?

-No me acuerdo si fue precisamente por eso. Lo que pasa es que en aquellos años ochenta, en las manifestaciones de protesta relámpago que hacíamos con mis amigos políticos, superábamos los controles, nos movíamos de la manera más inverosímil, burlábamos a los servicios de Stroessner y creo que para ridiculizar nuestra forma de hacer política, el diario (stronista) Patria me llamó “Rambo”.

(Fin)