El curioso Lunario de un siglo

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Si bien la Astronomía no es una ciencia muy avanzada en Paraguay, sus orígenes han sido de los más prósperos. La prueba está en el legendario libro "Lunario de un siglo", del padre Buenaventura Suárez, S.J. Se trata de un "incunable" del cual solo se conocen unos pocos ejemplares en el mundo. El libro describe los eventos lunares de 100 años  en Paraguay.

 

¿Cuál es la importancia de un Lunario? En una sociedad pretecnológica las fases lunares y los eventos relacionados con el satélite natural de la Tierra  eran vitales. En  esa época,  la Luna llena era el único medio de tener iluminación  por las noches, explica el Prof. Blas Servín al destacar que el autor del Lunario de un siglo, el sacerdote jesuita Buenaventura Suárez, es considerado el precursor de la Astronomía en Paraguay.

Agrega que las fiestas religiosas también se  basan en el calendario lunar y además los cultivos y el régimen de  las lluvias se relacionan bastante con las fases de la Luna.

El Lunario de un siglo es como un libro de logaritmos con cálculos matemáticos sobre las fechas de los eventos lunares y comienza en enero de 1740 y termina en diciembre de 1841. En sus páginas se puede encontrar en qué fase estaba la Luna el 14 de mayo de 1811: "Estaba en menguante, lo que fue aprovechado por los próceres para la Revolución de la Independencia", apunta Servín.

Los eclipses y conjunciones que podían ser observados desde las misiones de la Compañía de Jesús se pueden encontrar en el libro, con sus magnitudes, horarios y duración con absoluta precisión, lo cual no puede hacerse hoy día sin procedimientos computarizados muy complicados o avanzados.  

La primera edición del libro  data de 1744, pero no quedó ningún ejemplar. Tampoco se conoce dónde se imprimió. Volvió a editarse en 1748 en Lisboa, en 1752 en Barcelona, en 1759 en Ecuador y finalmente en 1856 en Corrientes. No obstante, se conocen o subsisten muy pocos ejemplares de la obra  en el mundo.

El padre Buenaventura Suárez, S.J., nació en Santa Fe de la Vera Cruz, entonces Provincia del Paraguay, el 3 de setiembre de 1678 y falleció en la reducción de Santa María a poco de cumplir los 72 años en 1750.

 Ingresó a la Compañía de Jesús de la Provincia Jesuítica del Paraguay  en abril de 1695 y llegó a ser Superior de San Cosme y Damián, donde construyó un rudimentario observatorio con los artefactos que él mismo fabricaba con la ayuda de los indígenas. Además contaba con varios telescopios de lentes convexos.

Por su dedicación y el éxito alcanzado con su libro, sus superiores de la Orden le facilitaron los equipos más avanzados de su tiempo, que debieron ser buscados en Inglaterra, pues no existían en la Península Ibérica. Pero todo su legado quedó en el olvido con la expulsión de los jesuitas en 1767.

Un "incunable"

Del  Lunario de un siglo solamente se conocen unos cinco ejemplares en el mundo, por lo que podría ser considerado, en cierta forma, un "incunable", según Blas Servín.  En la Argentina se tiene uno en  la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, otro en Córdoba y  uno más  en la Universidad de La Plata.    

Fuera de América existe uno en algún lugar de Alemania y ni siquiera habría en el Vaticano.  El único libro que se tiene en Paraguay forma parte de la Colección de Nicolás Darío Latourrette Bo, quien gentilmente accedió para que fuera fotografiado por ABC Color. Normalmente el libro se guarda en una caja de seguridad en el banco lejos de la luz y de la polución ambiental.

Nombre rescatado del largo olvido

El nombre del padre Buenaventura Suárez, misionero de los guaraníes y célebre matemático, estuvo durante muchísimo tiempo en el olvido. De nuevo salió a la luz luego de una investigación realizada por el Prof. Blas Servín en 1988.   

Buenaventura Suárez, según Las cartas anuas (informes anuales para la Orden Jesuítica), era "...incansable en las observaciones, hizo instrumentos matemáticos, anteojos de larga vista, relojes de péndulo largo imitando a los ingleses, solo por haberlos visto y registrado".   

El padre José Sánchez Labrador, en su libro "El Paraguay natural", refiere que Suárez labró e hizo  anteojos de cristal de rocas para  sus  telescopios. Así pudo observar durante 13 años las inmersiones de los satélites de Júpiter desde San Cosme.   

Tras la investigación de Servín, el nombre de Buenaventura Suárez se inmortalizó en una calle que lleva su nombre.

También se denominan así el observatorio de la familia Parini Guanes, el primer planetario en funcionamiento en Asunción y ahora el Centro Astronómico inaugurado en San Cosme y Damián por la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur).   
  
Buenaventura Suárez, hasta su muerte en 1750, remitía regularmente a científicos del mundo sus observaciones, hechas en San Cosme,  de eclipses de Sol y Luna y durante 13 años las inmersiones y emersiones de los satélites de Júpiter.

El padre Suárez escribió varios estudios astronómicos, que fueron impresos en los talleres de las Reducciones: Libros de Efemérides, Tablas Astronómicas, Anuarios y Cursos de los Planetas, pero su obra cumbre es el Lunario de un siglo.

El Lunario contiene los aspectos principales del Sol y lunas,  conjunciones, oposiciones (...), según sus movimientos verdaderos, y de la noticia de los eclipses  de ambos luminares visibles por todo el siglo en las misiones del Paraguay.