El difícil camino de la izquierda

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Los partidos políticos van terminando de armar sus estructuras para las elecciones generales del próximo año. En ese mar de negociaciones, la izquierda parece naufragar comprometiendo su futuro político.

Los precandidatos colorados consolidan sus equipos y ahora se encaminan a trabajar a pleno para las internas partidarias. Lo último fue la confirmación en la semana, de Víctor Bogado como vicepresidente de Javier Zacarías. Esta incorporación le otorga al Frente para la Victoria un espacio en capital donde la contienda será brutal.

No solo se disputarán candidaturas, sino sobre todo se peleará la consolidación de equipos a futuro y la hegemonía en un territorio electoral fundamental que actualmente no tiene un liderazgo nítido.

En el universo colorado la disputa está centrada entre dos grandes candidaturas y es completado con una buena partida de postulaciones sostenidas en pequeños grupos internos.

En principio no tendrían mayor impacto en el resultado. Esto, claro, toda vez que las diferencias entre los dos principales no sean exiguas.

Los liberales en la semana también formalizaron las candidaturas que desde hace casi un año se venían trabajando. El liberal Efraín Alegre irá con Rafael Filizzola. No hubo sorpresas.

En algún momento de las negociaciones Patria Querida trató de meterse en la discusión. A pesar del esfuerzo fueron dejados de lado, la decisión estaba tomada de antemano. La cuestión era validar lo acordado entre los líderes partidarios, no discutir la fórmula como lo planteó Patria Querida.

Con este acuerdo, los liberales evitaron la interna. Para muchos eso fue beneficioso porque evita fricciones al interior del partido. Lo que está por verse es si un acuerdo de cúpulas realmente es bueno para el partido y sobre todo beneficioso para la democracia. Usualmente no es así.

A partir de ahora el PLRA abre un amplio espacio de negociaciones para tratar de sumar apoyos que le aseguren la victoria. El Encuentro Nacional ya hizo un guiño para sumarse al grupo dejando de lado el bloque de los sectores de izquierda reunidos en el Frente Guasu.

Por su lado, la dirigencia liberal empezó a jugar con fuerza para romper la alianza de los sectores de izquierda. Blas Llano, presidente del partido, dejó entrever que podrían sumar a Mario Ferreiro lo que supone incluir al P-MAS; uno de los grupos mas dinámicos del sector.

Más allá de este avance liberal sobre componentes del Frente Guasu, los grupos de izquierda están sumidos en un mar de indefiniciones que ponen en riesgo su futuro como opción política de poder. El nivel de conflictividad que muestra el bloque amenaza con dejar todo en el camino.

Hace poco más de dos semanas decidieron entregar al expresidente Lugo la conducción del Frente Guasu para tratar de aquietar las aguas y encontrar una salida a la candidatura presidencial. Las cosas no mejoraron. Por el contrario, todo tiende a empeorar.

Lugo prefirió alargar las cosas, resolvió seguir postergando decisiones y a mitad de semana fue a Brasil sin acordar nada sobre la nominación. Ahora Ferreiro amenaza con dejar el bloque. Ir solo por su cuenta y buscar un candidato a vicepresidente que no sea un político.

Esta postergación beneficia directamente al senador Sixto Pereira, candidato presidencial compadre de Lugo, que de hecho siempre estuvo ideológicamente más cerca del exmandatario.

Pareciera que el expresidente apunta a llevar los enojos hasta el límite y que la designación del candidato de la izquierda sea una consecuencia de esas fricciones. No una decisión del exmandatario.

A estas alturas está claro que los sectores de izquierda están lejos de retornar al poder en el 2013. La cuestión es qué esperan de esas elecciones. El manejo del grupo que está haciendo Lugo parece indicar que lo importante será consolidar un espacio ideológicamente firme y que quienes quieran sumarse se encuadren en ese esquema. Eso acota enormemente lo que podría significar la izquierda en términos electorales.

Los partidos tradicionales están mucho más fortalecidos de cara a las elecciones presidenciales. La izquierda se diluye con el correr de la semana y pareciera que sus posibilidades electorales están atadas casi a votos residuales. Su dirigencia hasta ahora no sabe cómo reencauzar las cosas, mientras la amenaza de dispersión está cada vez más latente.