Blas Llano, presidente con permiso y principal líder interno, prepara su retorno después de la derrota electoral del partido en las presidenciales. Una estratégica desaparición del escenario político después de las elecciones generales evitó que su nombre quede pegado y rotulado como perdedor. Hoy solo unos pocos liberales, en su mayoría adversarios internos, son quienes lo identifican como responsable de la derrota. El electorado en general no asocia su nombre con la pérdida de la presidencia de la República.
Esa movida estratégica, en el momento oportuno, le permitió a Llano dibujar hoy un horizonte político que lo tendrá como el principal protagonista. En su ausencia el partido no fue capaz de tener siquiera un funcionamiento orgánico y mucho menos pudo responder a las urgencias políticas que exigían los tiempos en el nuevo gobierno. A pesar de los muchos intentos el senador Miguel Abdón Saguier, circunstancial presidente partidario, no pudo imponerse para enderezar las cosas. De nada le sirvieron sus muchos años de vida política en el PLRA. Llano, con el manejo de la estructura partidaria, siempre controló los tiempos en el partido. Incluso fue el referente del nuevo gobierno para atar acuerdos y asegurar el respaldo liberal a las iniciativas que planteaba el Ejecutivo. Ningún otro líder interno tuvo ese peso político o pudo hacerle sombra en el control partidario.
Efraín Alegre, que en algún momento de la vida partidaria parecía representar el contrapeso en la interna, quedó planchado después de perder las elecciones generales como candidato presidencial. Estuvo desaparecido hasta el pasado jueves, cuando se atrevió a asomar para dar una cuidada entrevista. Antes de eso solo apareció en un juicio que lo tenía como testigo.
El expresidente Federico Franco después de dejar el cargo optó por mantener un perfil bajo. Se alejó de la vida partidaria. Los cuadros políticos de ambos líderes internos quedaron prácticamente desamparados y fueron cooptados en gran parte por el equipo políticos de Llano. En medio de este marasmo asoma el exdiputado Salyn Buzarquis, una figura relativamente nueva en la vida partidaria, que trabaja para construir un liderazgo para los nuevos tiempos.
La convención de esta mañana es esencial para el retorno de Llano. La propuesta articulada a través de su equipo político es audaz. Que los 54 miembros del directorio renuncien y que en los próximos 90 días siguientes se convoque a elecciones. Eso supone adelantar todo y de alguna manera condiciona el resultado de las internas. En el corto tiempo electoral que queda es fundamental la estructura partidaria, y el que mejor estructura tiene es Llano, por tanto, está en mejores condiciones de ganar la interna. Ganando la interna controla el partido sin necesidad de exponerse demasiado. Una movida de esas proporciones generará una tormenta dentro del partido y necesariamente creará profundas diferencias con los grupos internos con menor peso electoral. Es impensable que acepten de buena gana estar sometidos a un equipo que representa el adversario.
El equipo de Llano está en condiciones y tiene los votos en la convención para imponer su propuesta, pero eso no implica que sea oportuna.
En este caso la oportunidad parece obligada a dar paso a la necesidad. Llano necesita con urgencia generar una sacudida de proporciones al interior del partido para perfilar los cuadros políticos con posibilidades para ganar elecciones en una contienda electoral.
Así cómo están, los cuadros partidarios no son atractivos ni despiertan el interés de los electores y suponen una derrota segura. Además, con esta estructura partidaria con dirigentes que están hace demasiado tiempo en el cargo parece poco probable que Llano pueda generar el cambio que precisa para trabajar de cara a las necesidades o al ideal de la gente.
El tiempo se acorta para los liberales si es que pretenden ser una opción electoral en los comicios municipales de 2015. Sin el ajuste en la estructura interna del partido y sin una oferta electoral flexible que permita al PLRA tener opciones, el futuro bien puede estar comprometido.
Lo que habrá que ver es si en la convención de esta mañana los liberales comprenden los tiempos que viven y que más que nunca precisan hacer dolorosos ajustes que crearán enojos internos. De la comprensión de este complejo panorama depende el porvenir liberal.
Un mal cálculo puede tener consecuencias desastrosas para los próximos años. Los liberales tienen que hilar bastante fino para evitar un descalabro que termine perjudicando los objetivos a largo plazo. De lo contrario los intereses sectoriales podrían terminar devorando toda posibilidad institucional del partido.
