Anoche culminó el ciclo de charlas sobre el “Sistema de Transporte Público Urbano Sustentable para Asunción y el Área Metropolitana”, con la presencia de tres expertos internacionales.
El encuentro de ayer fue abierto por el profesor de ingeniería de transporte Ing. Juan Enrique Coeymans, quien se refirió a la experiencia del metrobús de Santiago de Chile. Lo definió como “un plan racional con restricciones irracionales desde el Ministerio de Hacienda, que era el que regulaba las tarifas y el número de buses del sistema” y que se convirtió en uno de los principales errores que a su vez desencaderon otros.
“Faltó gerenciamiento del proyecto y diseño táctico”, dijo y agregó que “los usuarios no fueron tomados en cuenta y eso siempre hay que tener en cuenta. Incluso hay que establecer una información previa y casi personalizada con ellos”.
Cuestionó que el plan se haya puesto en marcha sin que estuviera totalmente completo, pues faltaban aún concluir muchas paradas y lugares de expendio de tarjetas, cuando entró a operar en la ciudad.
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“Hubo errores estratégicos en Transantiago”, afirmó al explicar que por ejemplo la tarifa no podía subir, pero se obligaba al sistema a que sea autofinanciado, lo cual constituye un contrasentido.
La carencia de un manejo autónomo y técnico por problemas de gerencia institucional también se sumaron a la ristra de problemas.
Coeymans analiza la situación de Transantiago desde hace años: “El problema estuvo en el diseño y en la implementación. En el diseño hay que distinguir entre el estratégico y el operacional (ingenieril). En el estratégico, la falla mayor es responsabilidad de los ministerios de Hacienda del anterior y del actual gobierno que exigieron autofinanciamiento y, no sé por qué, pusieron la tarifa en $ 380 (En pesos, equivalentes a G. 3.800). Eso no daba jamás si se quería empresas grandes y serias, y no una multitud de microempresarios que apenas subsistían. En el transporte urbano de buses no hay economías de escala: las empresas más grandes tienen mayores costos. La única forma de financiar con la tarifa impuesta era reduciendo la flota, que fue lo que hicieron. El diseño estratégico financiero no fue malo, fue pésimo. El diseño ingenieril fue solo hasta la obra gruesa, no se bajó a los detalles, para eso se requería una institucionalidad que no se tenía. Por eso, muchos detalles quedaron mal hechos o inconclusos. Finalmente, hubo problemas en implementación (...)”, dice una de sus exposiciones.
