En Tacumbú se coimea desde el mismo portón de acceso

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El pago de coimas en la Penitenciaría Nacional de Tacumbú se inicia en el mismo portón principal de acceso.

Cuando los familiares no pueden ingresar al recinto dan propina a los guardias para que entreguen comida, víveres y/o productos para el aseo personal a los reclusos. El “peaje” aumenta cuando se trata de electrodomésticos.

Cerca de las 11:00 de la mañana de un día hábil, numerosas personas estaban amontonadas ante el portón principal de la mayor penitenciaría del país, que este fin de semana completó 4.000 presos.

Era día de visitas, pero nadie podía ingresar para ver a sus familiares porque el Ministerio de Justicia y Trabajo (MJT) había iniciado un censo.

Nadie sabía de la restricción. Algunas madres se retiraban llorando. Las que habían traído en pequeñas bolsas comida o productos para la higiene tuvieron que dar “propinas” a los guardias para que los entreguen a sus familiares. No querían regresar a la casa con el avío o el paquete. Los guardias recibían el incentivo en forma discreta.

Nuestro equipo de investigación logró captar cuando las personas contaban su dinero o lo tenían preparado para pagar a los guardias por el servicio de referencia. “Para fulano”, decía el familiar antes de entregar el paquete, y el guardia repetía a los gritos el nombre de la persona beneficiada, dirigiéndose a la puerta con plancha de hierro que da al pasillo del penal.

Algunos abonaban G. 5.000, otros 20.000 y 40.000, dependiendo –al parecer– de la importancia o del contenido de la encomienda.

No solo se paga para la entrega de las matulas, también por el ingreso de electrodomésticos. Algunos presos tienen acondicionadores de aire, heladeras, microondas, hornos eléctricos, cocinas, ventiladores y todo lo necesario para soportar el encierro y el intenso calor. De los 4.000 internos, unos 1.000 son “vip”.

Los presos sin dinero van directo al fondo del presidio, donde reina la mugre. Son “los miserables” del fondo. Los que no tienen absolutamente nada. Ni siquiera un techo bajo el cual dormir y mucho menos un colchón.

Improvisan su cama a la intemperie, en los pasillos. Utilizan para el efecto viejos pedazos de espuma, frazadas y sábanas gastadas, que bien podrían usarse como cedazo debido a la cantidad de agujeros que tienen. Hasta las camas de muchas mascotas son mejores.

Recién este año, el MJT adquirió 2.000 colchones, 1.000 frazadas y 2.000 almohadas para los presos.

Solamente en Tacumbú hay 4.000 y en todo país suman 9.300 presos.

Los presos “vip” gozan de todos los privilegios en sus pabellones, situados al rebasar el primer portón de hierro. Solo en un sector contamos 25 acondicionadores de aire. Enseguida se pierde la cuenta porque va cruzando pasillos, subiendo y bajando escaleras. En el “vip”, lateral izquierdo, viven 700 presos, y en el derecho solamente 60. Estos son los que no comen del tacho. Elaboran su propia comida. Si un día van a los tachos, “los miserables” del fondo quedarían sin su pequeña ración.

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