Una barcaza tipo Mississippi, de 60 metros de largo, 12,20 metros de ancho y 3,50 metros de puntal (altura), por lo general requiere de unas 270 a 290 toneladas de chapas y perfiles de acero, según aseguran ingenieros navales consultados.
Los constructores Damián Lezcano Quinto, de astillero El Tuku, y Pablino de Jesús Rossi Fernández dijeron haber construido unas nueve barcazas, por lo que tuvieron que haber utilizado como mínimo alrededor de 2.430 toneladas de acero. Además tuvieron que haber necesitado mucho electrodo, oxígeno y una cantidad significativa de recurso humano capacitado.
El origen de toda esta montaña de material, además de cómo fue el trato con el personal empleado, pudieron haber sido pistas decisivas para los citados fiscales si es que tenían voluntad de investigar. En el expediente judicial del caso no figura ni una factura sobre las adquisiciones de chapas de acero naval, por ejemplo.
Lezcano Quinto y Rossi Fernández en sus pedidos de permiso para construcción remitidos en su momento a la Prefectura General Naval hablan de la utilización de chapas de acero ASTM recuperadas o recicladas para la construcción de los lanchones. Según varios constructores consultados, es inusual que se fabriquen barcazas de material reciclado, porque sería difícil encontrar financiación bancaria, en el mercado paraguayo no existiría tanta cantidad de chapas recicladas y su manejo sería mucho más complicado por lo que llevaría más tiempo la construcción.
El abogado de Naveradi, Derlis Rodríguez Báez, dijo ayer que en realidad se utilizaron chapas de acero recuperadas y también nuevas. Un ingeniero naval consultado al respecto señaló que la mezcla de material nuevo y viejo haría imposible calcular la capacidad de esfuerzo de una barcaza.
Lezcano Quinto en su declaración testifical ante el fiscal Zillich el 29 de noviembre pasado aseguró haber comprado las chapas de acero naval recuperadas y otros materiales “en distintos lugares, cerca de Calle Última, hacia Fernando de la Mora, locales Hierro San Luis, Hierro Rayt”, y agregó que cuenta “con las correspondientes facturas”. Por su parte, Rossi Fernández dijo al agente fiscal que “son los clientes los que suelen acercar los materiales para la mano de obra”. Los fiscales Zillich, Sánchez y el adjunto Federico Espinosa, que ratificó la actuación de los anteriores, no indagaron más. Se basaron en una pericia naval del ingeniero argentino Gustavo F. Alonso, que dijo que una característica típica en el Paraguay es “la construcción naval con chapa reciclada”, práctica que continúa “en astilleros artesanales (no automatizados)”, para favorecer a Naveradi, que sostiene que mandó construir las embarcaciones en cuestión.
