Hay que repensar los modelos educativos, dice experta argentina

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Según Miriam Aparicio, experta en educación, se rompieron esquemas educativos y por eso hay que plantear nuevos paradigmas. Sostuvo que ya no sirve todo lo que se sabía antes en cuanto a la enseñanza. Indicó también que la relación directa entre inversión en ciencia, tecnología e innovación con respecto a la labor universitaria no se puede descartar. Puntualizó que si un país no investiga, se quedará en el atraso y que América Latina necesita más doctores para progresar.

La doctora Aparicio estuvo unos días por Asunción, dictando un curso en el doctorado en educación de la Universidad Iberoamericana, Unibe. Ella es investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, Conicet, de Argentina; catedrática titular de la Universidad Nacional de Cuyo y directora de varios laboratorios de investigaciones. Tiene decenas de publicaciones y posee un doctorado y maestrías en educación, metodología y ciencias de la educación.

–¿Cómo se concibe la educación en el siglo XXI? ¿Es distinta?

–Se han roto esquemas, estamos en los albores de un nuevo paradigma. Hay que pensar en la influencia de los medios de comunicación, en la importancia de las redes sociales. Hay que repensar la sociología de la educación. Mucho de lo que decíamos ya no está vigente en el ámbito educativo.

–¿Qué ya no está vigente?

–Por ejemplo, la idea de liderazgo que teníamos. Antes había una concepción de líder que se estudiaban en los libros de textos, hoy ya no, porque aparecen varios líderes, de grupos o tribus sociales que surgen de un día a otro. También hay cambios en la sociología, con una visión más puesta en el sujeto. Además, cambió la relación con el mundo del trabajo. El ámbito laboral demanda nuevas competencias. Según mis últimos estudios, lo que predice el logro a nivel laboral no es tanto el conocimiento disciplinar, como están orientadas nuestras universidades, sino la concepción de las competencias sociales.

–¿Qué son las competencias sociales?

–El sujeto debe saber comunicar, interactuar, debe respetar al otro para trabajar con él y aceptar la diversidad, mucho más allá de lo que dice el discurso. Son pocos los programas para ayudar de los que vienen de pueblos originarios o que tienen una cultura distinta. Falta mayor cooperación e interacción entre los compañeros de trabajo. Se necesita de un acompañamiento importante por parte de profesionales para atender a los problemas psicosociales.

–¿Cuáles son esos factores?

–La resiliencia, es decir, la capacidad que tienen los individuos de superar traumas emocionales, una filosofía de vida para sobreponerse a las adversidades. O a la inversa, de carecer de ellos. Por ejemplo, gente con nivel económico muy alto que ni siquiera sabe para qué va a la universidad. En las investigaciones que hicimos también encontramos que los mejores graduados de las universidades no siempre estaban en los mejores puestos de trabajo, esto se daba simplemente por la falta de competencias sociales.

–¿Estamos realmente en la economía del conocimiento? ¿Uno debe estar educado o formado a un nivel más alto?

–Sí. Los países que son desarrollados hicieron una gran inversión en ciencia y tecnología y esto va de la mano con la educación superior. Se espera que los universitarios aporten en innovación. No obstante, hemos entrado en un periodo complejo, el sector productivo no avanza paralelamente al mundo de la educación. El mundo de la educación va más rápido que los propios puestos de trabajo en el sector productivo. En los países donde se produjo una saturación de diplomados, obviamente, los empleos disminuyen, porque no pueden absorber a los egresados. Algo que no sucede en nuestros países.

–¿Por qué no tenemos muchos doctores?

–Sí, tener un doctorado o una maestría es un plus a la hora de conseguir trabajo. Relativamente somos pocos en América Latina. En cambio, en otros lugares como Europa y Norteamérica es normal tener un doctorado. Pero América Latina debe producir más doctores para desarrollarnos.

–¿Cómo considera la relación directa entre educación superior, innovación y desarrollo?

–Si uno ve lo que pasó con los países del sureste asiático o los índices de PISA, se da cuenta que los más desarrollados son los que apuestan por la educación. Esto es fundamental. Nuestros países dependen de la innovación, que a su vez depende de las universidades, para alcanzar niveles más altos y mejores de vida.

–¿Sería uno de los problemas para América Latina la revisión constante del pasado y no concretar planes de proyección a largo plazo?

–No podemos generalizar en todos los países, pero sí hay una tendencia. No podemos insistir solo en el pasado, en la necesidad de reafirmar que nacimos en un lugar, hay que apostar por el futuro, no podemos sembrar fatalismo entre los estudiantes. Hay que mostrar que hay un mundo de aspiraciones, logros y que el esfuerzo tiene su lugar. Hay que fortalecer esas competencias.

–Para apuntar al futuro, ¿qué puede hacer la educación superior?

–Debe romper los modelos centrados en lo disciplinar y entrar en el campo de la interdisciplinariedad, que supone un trabajo conjunto, con cruce de metodologías y así entrar en la transdisciplinariedad, para tener una mirada integradora de la realidad, con nuevos paradigmas.

–En los últimos años florecen varias universidades privadas, que ofertan decenas de carreras, a veces hasta no tradicionales. ¿Esto es positivo?

–Las universidades tienen que crear carreras que respondan a las necesidades del contexto, lo que no quiere decir que se debe caer en una universidad profesionalizante, es decir, una casa de estudios que solo responda a las necesidades del mercado, porque la universidad tiene una misión suprema.

–¿Cuál es la misión suprema?

–Es la búsqueda de la verdad, de la excelencia y de la investigación. Más allá de lo que requiere el mercado. Con la multiplicación de universidades hay que tener en cuenta otros factores. Cuando emergen, deben tener control de calidad, que no es en sentido malo, sino que actúa como resguardo de la calidad. Es necesario que surjan universidades con carreras cortas, pero deben estar evaluadas.

–¿Por el Estado?

–En general, los organismos deben ser creados por el Gobierno, pero tienen representantes de varios sectores, desde académicos, pasando por representantes de gremios hasta autoridades universitarias.

–¿Cuál es el futuro de la universidad?

–Estamos asistiendo a un nuevo hito en cuanto a la educación, porque hay explosión de mentalidades y efervecescencia de intelectualidad. Hay que ver a la juventud, a los problemas sociopolíticos, porque se ve un resurgimiento de la xenofobia, del nacionalismo exacerbado, que pensamos que ya acabaron. Me da pena que aunque hayamos avanzado en algunas cuestiones, retrocedamos en otras.

Están rebrotando prejuicios y se remarcan estereotipos, en detrimento de la igualdad de oportunidades.

Pero de la educación espero siempre lo mejor, nunca puede esperarse algo malo de ella, porque tiene una finalidad, que es ayudar a la persona a desarrollarse y a la vez ayudar al desarrollo de la sociedad. Mientras más educación tengamos, habrá una sociedad más solidaria, integrada y respetuosa de los demás.

equintana@abc.com.py