El derrumbe o la desintegración del sistema colonial español en América fue el resultado de la falta de visión de sus líderes para adecuarse a las nuevas corrientes ideológicas y filosóficas, así como a la incapacidad de la sociedad española de adaptar su sistema productivo a las nuevas tecnologías que iban ganando terreno en el continente europeo, cambiando radicalmente la situación económica y social de la época.
La aparición de nuevas ideas iba permeando paulatinamente las sociedades de la época, revolucionando el pensamiento del hombre y planteando situaciones y cuestionando realidades que se consideraban naturales, inmanentes e inmutables. Estos cambios en la conciencia del hombre de aquella época sacudieron profundamente los cimientos y las estructuras de las sociedades de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
Los acontecimientos de mayo de 1810 en el Río de la Plata y de mayo de 1811 en el Paraguay no pueden explicarse sin la confluencia de factores que llegaron a influir abiertamente en la independencia americana y, por ende, de nuestro país.
Uno de aquellos factores fueron las ideas renovadoras que iban surgiendo y que fueron ganando espacio en Europa: La Ilustración, corriente contraria a todo dogmatismo y determinismo, contrapuesta a las realidades políticas y morales imperantes, como el absolutismo monárquico y al dogmatismo religioso.
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Por otra parte, los logros científicos que venían desarrollándose desde el Renacimiento llevaron a concebir el universo como una realidad dinámica regida por leyes que la razón podía desentrañar y explicar. En ese sentido, se postuló el “deísmo”, según lo cual Dios era el “arquitecto del universo”, el creador de las leyes universales, pero que no intervenía directamente en ellas. Estas ideas tuvieron sus negadores y detractores, y no faltaron quienes radicalizaron sus concepciones y se hicieron ateos.
El “progreso histórico” de la humanidad
Todas estas ideas llevaron a pensar que la humanidad era producto de un “progreso histórico”, fruto de sus propios esfuerzos y de la razón humana, y no de un plan divino.
Se generó la idea de “humanidad” integradora de los pueblos, por encima de cualquier situación o circunstancias.
Las diversas realidades de cada país europeo marcaron las características de esta tendencia ideológica: Una Francia gobernada por un sistema monárquico absolutista llevó como resultado una Ilustración más anticlerical y política, diferente a la desarrollada en una Inglaterra con una monarquía liberal. En Alemania, por su parte, los debates se centraron en torno a la metafísica y la religión.
Fruto de la Ilustración fueron las primeras teorías modernas secularizadas. Empezaron a ser rechazadas las explicaciones escolásticas del mundo. Los objetos del entendimiento no podían ser entidades constituidas previa e independientemente de él ni tampoco ideas innatas. Estas ideas abrieron paso a una nueva visión de la ética y de la sociedad, cuya correcta y justa ordenación dependería solo de la razón humana.
Las realidades dispares de los diferentes países marcaron, como dijimos, las características de la Ilustración. En Francia, donde la organización política era inflexible y absoluta, la reacción contra la rígida jerarquización y desigualdad desembocó, inexorablemente, en ideales revolucionarios. Algunos de sus mentores postulaban un liberalismo garantizado por la separación de los poderes –en Ejecutivo, Legislativo y Judicial–. No faltaron quienes atacaban abiertamente el absolutismo o propugnaban el imperio del orden y de una sociedad regida por el ejercicio de la libertad.
Las ideas de la Ilustración prendieron fuertemente en Francia, Inglaterra y Alemania. Más tímidamente en Italia y España.
Por otro lado, las nuevas ideas tuvieron un inusitado arraigo en las colonias hispanoamericanas, donde contribuyeron decididamente a formar el pensamiento de los líderes independentistas.
La influencia de las ideas en América
Los acontecimientos que tuvieron lugar en América estuvieron, en gran parte, inspirados por estas ideas, que constituyeron uno de los factores determinantes para la transformación política, económica y social del continente. De un continente que, precisamente, era víctima de la jerarquización social que derivaba en grandes y profundas desigualdades e injusticias sociales.
Esas influencias ideológicas fueron el germen de la independencia americana, teniendo a nuestro país como uno de los primeros en concretar su independencia en un incruento episodio que hoy cumple 205 años.
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