La manera más rápida para identificar un “esquema Ponzi” es cuando el negocio ofrecido no se compadece de los volúmenes de dinero que se manejan. En el caso VIP Security SA, propiedad de Atilio “Tete” Gómez Buongermini, que es una empresa abocada a ofrecer servicios de seguridad, blindados de vehículos y venta de armas, según empresarios del mismo rubro, es imposible que en este negocio se manejen las cifras que aparecen. Se estima que el “clavo” que dejó esta empresa a entidades bancarias, financieras y particulares sería de unos US$ 16 millones o más.
Este monto podría aumentar ya que existen acreedores que no quieren dar la cara ni mucho menos hacer denuncias, puesto que los intereses que cobraban por los préstamos eran muy elevados, muy superiores a lo regulado por el Banco Central del Paraguay (BCP).
Es más, estos acreedores se exponen incluso a ser demandados por usura, tal como ocurrió en el caso del ganadero “Tuti” Pereira Johannsen, quien también armó un negocio sobre el “esquema Ponzi”, y quienes lo denunciaron fueron demandados por usura.
La denominación “esquema Ponzi” deriva de una famosa estafa en los años veinte en EE.UU. A pesar de ser un tipo de fraude muy conocido, siempre reaparece de una forma u otra. En el sitio Wikipedia se explica que se trata de una operación fraudulenta de inversión que implica el pago de prometedores o exagerados beneficios. La estafa deviene de un proceso en el que las ganancias que obtienen los primeros inversionistas son generadas gracias al dinero aportado por los nuevos inversores engañados por las promesas. El sistema solo funciona si crece la cantidad de nuevas víctimas. A su vez, la estafa trata de evitar que se retiren los inversionistas al ofrecer nuevos planes, ya sea una mayor rentabilidad u otros productos o servicios.
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VIP Security SA solicitaba millonarios préstamos invocando que su negocio se estaba expandiendo al interior del país como San Lorenzo y Ciudad del Este. Si bien se tienen también la presunción y una investigación fiscal abierta a “Tete” Gómez sobre presunto tráfico de armas, por traslados irregulares de armas y a juzgar por la incautación realizada el sábado pasado en poder de su esposa, la prisión preventiva en el departamento judicial de la Policía de “Tete” no sería otra cosa que un ajuste de cuentas de quienes se sintieron estafados, ya que llamativamente la Policía, por orden de alguien, le estaba siguiendo los pasos a la familia Gómez Buongermini. “Tete” dejó una larga lista de acreedores, entre ellos el Banco Sudameris, Banco Amambay, Ára de Finanzas, el grupo González Daher, la familia Recanate y también J. Portillo SA, firma del gerente de Banco Amambay Hugo Portillo, que según trascendidos estaría dejando el cargo que ocupa en la entidad bancaria cuyo propietario es el presidente de la República, Horacio Cartes.
El nombre del “esquema Ponzi” procede del estafador italiano Carlo Ponzi, un inmigrante que llegó a EE.UU. alrededor de los años veinte del siglo pasado. Ponzi recogió abrumadoras sumas de dinero y la gente hacía colas para confiarle sus ahorros para un determinado negocio que inventó. Ese “negocio” pese a todo se expandió y Ponzi hasta llegó a comprarse el banco donde depositaba su recaudación. Vivió una vida a todo lujo, hasta que a finales de 1920 el gobierno federal de EE.UU. intervino en el caso.
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