Los entuertos de un ardid

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El esfuerzo era titánico. Dotar al país de los adelantos para industrializarlo y alentar el desarrollo se contraponía con una inexorable realidad inmediata: la guerra. De pronto, el derrotero se alteró. Había que pensar, producir y crear para la batalla. Era la vida o la muerte, la patria estaba en peligro y además se multiplicaron los delatores y traidores que advertían a nuestros invasores. Los "legionarios" combatieron contra sus propios compatriotas.