Maduro se rodea de los chavistas más radicales para poder gobernar

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Nicolás Maduro ya armó su gabinete. Sin exorcizar aún los demonios de las inconsistencias de su victoria en las elecciones, las decisiones que tome a partir de ahora, dure o no en el poder, son vitales para Venezuela. En lo económico tiene un desafío enorme, pero en lo político son doblemente difíciles los retos del proclamado “hijo de Chávez”.

El “hijo de Chávez”, como se proclama a sí mismo Nicolás Maduro, corre el mismo riesgo que su antecesor a la hora de apostar por quién lo rodea. Lo primero es que el próximo tren ministerial implicará una nueva administración que debe adaptarlo a círculos de su confianza porque el chavismo se fundamenta hoy en esa premisa, confianza.

El único alto cargo ratificado ha sido el del Vicepresidente Jorge Arreaza, yerno de Hugo Chávez. Con algo más de 40 años de edad, Arreaza fue ministro de Ciencia y Tecnología hasta marzo pasado cuando murió Chávez y Maduro lo lleva a la Vicepresidencia.

Su elevación significó para muchos un guiño al sector marxista del “chavismo cool” que va tomando las riendas del poder. Además de ser el esposo de la hija de Chávez, guarda los verdaderos secretos de esa familia acrecentando el nepotismo en Venezuela.

Venezuela tiene 22 ministerios, una carga burocrática impresionante que fue creciendo a medida que la ineficiencia golpeaba la imagen del líder.

Un puesto vital en estos momentos es el económico. Jorge Giordani, ministro de Planificación y Finanzas, es para muchos economistas, empresarios y chavistas, la piedra que ha lapidado la economía chavista por su ortodoxia comunista en un país donde las venas capitalistas aún tienen mucha sangre.

De origen dominicano y predilecto seguidor del filósofo marxista István Mesaro, el ministro Giordani ha dejado en claro la necesidad de aplicar ajustes drásticos en la economía como el aumento de la gasolina (un tema sagrado en Venezuela que nadie se atreve a tocar), aumentar los impuestos y seguir cerrando el grifo de dólares, muy letal para una nación mono productora.

De las tantas interrogantes que surgen sobre Maduro es si de su propio círculo brotará gente altamente capacitada –aunque eso no es una condición en la revolución bolivariana–, para formar un gabinete “eficiente” como apuesta y sobre todo “leal”.

El nuevo presidente cuenta con su esposa, la también veterana política y expresidenta de la Asamblea Nacional, Cilia Florez, quien entre su círculo tiene a personas un tanto misteriosas que a partir de ahora pueden tomar protagonismo. Sin duda nadie niega que Florez ejercerá influencia en las decisiones que tome su esposo en todos los campos; su ferviente chavismo, demostrado en todos los espacios en los que ha estado, la hacen una radical dentro del círculo del poder.

Maduro proviene de la Cancillería, fue el cargo en el que estuvo por más tiempo, casi seis años. Si forjó algo al interior de la Casa Amarilla fue división. El resultado hoy en día es que tiene a un círculo de profesionales, que si bien han sido educados en universidades prestigiosas dentro o fuera de Venezuela; son bilingües, conocen de política exterior, tienen como desgracia su visión meramente ideológica a la hora de tomar decisiones.

Maximilien Sánchez Arveláiz, otrora asesor de política exterior de Maduro, y nombrado por él con la venia de Chávez como embajador en Brasil, promete volver al lado del nuevo presidente quizá como un alto asesor en asuntos internacionales o como un viceministro en un despacho clave de la Cancillería. El problema con Arveláiz es que no tiene tono político, siempre ha estado tras bastidores en la política exterior por lo que lanzarlo a los lobos de la política venezolana –y más la actual–, sería un desafío peligroso en estos momentos. De familia francesa, educado en Europa y con tufo comunista, su apoyo sería vital para Maduro a la hora de forjar su propia política exterior, claro está, en el nombre de Chávez.