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Un yanqui chaqueño

Don George Lohman Canfield fue un personaje muy respetado en el Chaco paraguayo, en la época heroica del poblamiento del Chaco por ganaderos pioneros.

El señor Lohman había nacido en Austin, Texas, EE. UU., el 22 de noviembre de 1889. Llegó al Paraguay en 1912, como mayordomo de la empresa agroganadera Paraguayan Cattle Farms Ltd., fundada por el norteamericano Teex Rickard.

Sus ahorros le permitieron, además de sus actividades camperas, dedicarse al comercio, acopio y venta de pieles y plumas silvestres, que negociaba en el puerto de Concepción. En 1914 convino con Mr. Rickard la liquidación de sus salarios en especie (vacas y toros) y, gracias a su relación con algunos nativos –con una de las cuales llegó a convivir e incluso a tener descendencia– fundó y llegó a explotar la estancia Pozo Colorado (actualmente importante nudo de caminos) que, luego, se convirtió en un formidable eslabón en la cadena logística que permitió alimentar años más tarde al Ejército, durante la Guerra del Chaco.

Poseía unas 400.000 ha y 150.000 cabezas de ganado. Su establecimiento permitió el surgimiento de otras estancias chaqueñas. Su vida fue rica en anécdotas pintorescas. Fue un profundo conocedor de los secretos del Chaco. Falleció en Pozo Colorado, el 10 de febrero de 1950.

Siderurgia en el Paraguay

La planta siderúrgica fue establecida por el Gobierno en 1850, en el paraje conocido como Cordillerita, a cinco leguas del casco urbano de Ybycuí, donde se hizo un gran rozado para hacer los trabajos de construcción del complejo industrial.

A esta fábrica siderúrgica se le llamó “Establecimiento de la Fábrica de Fierro en el Arroyo Ybycuí”.

Si bien se extrajo material de hierro de yacimientos de las cercanías de Quiindy, Caapucú y San Miguel, la calidad no era muy buena como lo exigían los técnicos de nacionalidad inglesas contratados por el Gobierno.

Por dicho motivo, la fábrica no pudo elevar su nivel de producción para obtener hierro fundido de buena calidad.

Mucha gente afirma que la fábrica de Ybycuí fue la primera de la región, sin tener en cuenta que los jefes técnicos que la pusieron en funcionamiento fueron contratados de las fábricas instaladas en el Brasil a principios del siglo XIX.

Efectivamente, la planta siderúrgica de aquel país se instaló en 1809 en Gaspar Soares actual Morro do Pilar, en Minas Gerais. Casi al mismo tiempo se instaló en el Brasil otra fábrica, la de São Joao de Ipanema, en Iperõ, São Paulo, inaugurado en 1810.

El asilo de Perón

Tras renunciar a la presidencia de la nación argentina, el general Perón buscó protección en la Embajada paraguaya en Buenos Aires.

Luego de abandonar su residencia, se dirigió a protegerse bajo el asilo diplomático a dicha representación diplomática.

En medio de un tenso ambiente y una pertinaz llovizna, el depuesto mandatario subió a un automóvil, seguido por el mayor José Ignacio Cialceta y otro acompañante, hasta la casa de la calle Viamonte al 1851, donde tenía su sede la Embajada del Paraguay.

Según crónicas de esos días, el general vestía de civil y llevaba una pequeña valija de mano. Al llegar fue atendido por el doctor Rubén Stanley, primer secretario de la Embajada, a quien solicitó asilo.

Hecho el pedido, el doctor Stanley se comunicó telefónicamente con su embajador, el doctor Juan Ramón Chaves, quien viajó de inmediato desde su domicilio de la calle Virrey Loreto, en el barrio de Belgrano, hasta la sede de la Embajada.

Allí saludó al expresidente y le pidió que lo acompañara hasta su domicilio particular, invitación que extendió a los acompañantes de Perón.

En Loreto al 2474, se improvisó una breve tertulia, en la misma habitación donde se encontraban además siete grandes valijas pertenecientes al excanciller doctor Cavagna Martínez –quien también solicitó asilo– y al cabo de ella Perón solicitó ser trasladado a la cañonera “Paraguay”, surta en la Dársena D del Puert Nuevo, a lo que el embajador Chaves accedió.

Minutos después, a las 9:30, aproximadamente, en el propio automóvil del embajador viajó este, Perón, Cialceta y el general Demetrio Cardozo, agregado militar paraguayo.

Llegados al puerto fueron recibidos por el capitán César Cortese, comandante de la cañorena y, finalmente, ya cercano al mediodía, el embajador Chaves se retiró e informó el asilo a Perón; al general Domingo Molina, presidente de la Junta Militar, y luego, al subsecretario de Relaciones Exteriores, doctor Rodolfo Muñoz.

Tráfico fluvial

Durante los primeros años de la Guerra de la Triple Alianza, se registró el tráfico fluvial de un gran número de embarcaciones entre Corrientes e Itapirú, conduciendo hombres al frente de batalla y suministros varios.

Ese gran tráfico lo hacían distintos tipos de embarcaciones: vapores, zumacas, patachos, fragatas, chalanas, goletas, cientos de canoas, entre otras.

Entre enero y abril de 1866 se tiene registrado que en el puerto de Corrientes estaban surtos 185 buques (39 vapores), además de los decenas de buques que pasaban aguas arriba sin detenerse en dicho puerto.

surucua@abc.com.py