Sobre las mesas, en la vereda, se agrupan los saldos de esta semana: libros desde G. 5000 el ejemplar. La gente los revisa con curiosidad. ¿Qué lleva a un lector a comprar libros usados? Las librerías de segunda mano no solo se perfilan como una de las alternativas más asequibles y sostenibles para no tener que renunciar al placer de la lectura, sino que también permiten descubrir verdaderos tesoros.
El profesor Osvaldo Olivera, director de la Escuela Literaria y Club de Lectura Colofón, organiza por lo menos dos veces al año un tour por las librerías de ventas de usados. Asegura que este tipo de actividades despierta el interés de mucha gente. Por ejemplo, en febrero pasado, asistieron unas 60 personas. El recorrido incluía la librería ubicada en medio de la feria Aragón, en el Mercado 4, donde se venden libros antiguos. Para Osvaldo, esta librería es bastante interesante por el lugar donde está ubicada. “Uno jamás se imaginaría que entre las verduras y el queso Paraguay del mercado encontraría libros antiguos”.
A pocas cuadras de allí se ubica la librería San Cayetano, considerada la tienda de libros de segunda mano más grande del Paraguay. El lugar también es bastante peculiar. Al pasar solo se ve una puerta, pero es la entrada de una pieza llena de libros del piso al techo. Al lado, hay otro cuarto con las mismas características y, hacia el fondo, una piecita llena de revistas que datan de los años 50, 60, 70 y 80. En el segundo piso, al que los clientes no ingresan, está el depósito de libros, VHS y devedés. “Es una casa entera de libros”, dice Osvaldo.
Los más buscados
En su andar por estas librerías, el profesor Olivera se ha percatado de que los clásicos de la literatura hispana son muy apreciados, en sus primeras versiones, por ejemplo, Hijo de hombre, de Roa Bastos, de principios de los años 60. “También hay lectores que buscan autores desconocidos, que escribieron solo una o dos novelas. Hay gente que quiere cosas raras que no se venden en las tiendas de libros nuevos”.
En estos recorridos en busca de tesoros escondidos, Osvaldo halló algo que jamás imaginó: un libro de los años 50 que un grupo de alumnas de colegio le regaló a una compañera por su cumpleaños, “y una de las firmas era de mi madre. Fue lo más raro que encontré”. También descubrió una obra poco conocida de Josefina Plá, Alguien muere en San Onofre de Cuarumí, escrita en coautoría con Ángel Pérez Pardella. El libro tiene una dedicatoria de puño y letra de Plá.
Un detalle que resalta el profesor es que los libros usados muchas veces tienen valores agregados, como cartas de amor, fotografías, notas o facturas, que se convierten en reliquias de otros tiempos y que pasan desapercibidos para los libreros porque ellos los compran a granel.
Trueque vigente
Desde pequeño, Juan Carlos Gómez se dedicó a la venta de revistas a domicilio. Pasados los años, en 1991 compró una casilla para seguir en el rubro. Con el tiempo, incluyó libros. “Al principio, los tenía en una caja”, evoca. Así se inició la librería San Cayetano, un lugar en el que era posible intercambiar revistas y libros, práctica que se mantiene. Allí se puede entregar un lote de libros y, por el importe, llevarse otros.
Entre las obras más antiguas que pasaron por sus manos, Juan Carlos recuerda que tenía un libro escrito en latín del 1600. En ese lote también había obras de los años 1700 y 1750, pero ya en español. “Los extranjeros (en especial franceses y alemanes) son los que más vienen a buscar obras antiguas, generalmente sobre historia paraguaya”, aunque también sus libros son requeridos por los estudiantes de posgrado.
Juan Carlos derriba dos mitos: el primero tiene que ver con la aparición de internet que, según afirma, no perjudicó el negocio; por el contrario, lo hizo progresar. “Hay personas que buscan datos en la red y les entra la curiosidad de saber si son ciertos. Entonces vienen a buscar los libros para comprobarlo. Asimismo, los que gustan del formato papel no van a cambiarlo”.
El segundo mito se refiere a la afirmación de que el paraguayo no consume libros. “Yo vivo de esto y hay muchos colegas que también se dedican a la venta”. En su local, lo que más se venden son las obras de historia del Paraguay y los clásicos de la literatura, además de títulos académicos sobre derecho y arquitectura, entre otros. “También tengo libros en todos los idiomas: francés, inglés, portugués, ruso, etcétera”, destaca.
“Las enciclopedias duermen”
Una de las librerías de usados más antiguas que se mantienen hasta hoy es La Gloria. Se inició a principios de los 70 con una casilla en la vereda de Gral. Díaz esquina Montevideo. “Si cuento cómo empezamos... Era una mesita con caramelos, unos cuantos cigarrillos, una revista, algunas pastillas de menta y dos chicles. Fue una idea de mi señora”, dice entre risas Victoriano Britos, propietario de la librería.
Con el tiempo fueron creciendo. Doña Gloria compraba las revistas Patoruzú, Isidoro Cañones, entre otras, y las alquilaba. Después pudieron adquirir una casilla. Entre las revistas nuevas, las que más vendían eran Selecciones y El gordito (de amor y con ilustraciones), además de las novelas de Corín Tellado que, de hecho, hasta ahora se intercambian. A partir de 1994 comenzaron a comprar libros “más caros”.
Victoriano recuerda que dentro del primer lote de libros que adquirieron, estaban Las minas del rey Salomón, de Henry Rider Haggard, y La isla misteriosa, de Julio Verne. “Los leí y me gustaron mucho”.
Como no tenían espacio suficiente en la casilla, los vecinos les guardaban los libros, hasta que, en 1995, a doña Gloria se le ocurrió alquilar un salón. El esposo dejó entonces su trabajo de herrero y juntos impulsaron la librería. Pronto alquilaron otro salón y luego otro más para dedicarse de lleno a la compra, venta y alquiler de libros. Tiempo después, agregaron discos. Con este trabajo mantuvieron a sus cinco hijos, dos de ellos universitarios.
En el 2013 se mudaron al local actual. Doña Gloria falleció no hace mucho, y su marido y sus hijos tratan de sacar adelante un negocio que está haciendo agua. A diferencia de su colega de la librería San Cayetano, Victoriano asegura que no se lee más desde que apareció internet. “Las enciclopedias duermen en los estantes desde hace cinco años. Tampoco vendemos diccionarios”.
Afortunadamente les quedan sus “fieles lectores”, gente que no va a cambiar el papel por internet. “Lo que más leen son las novelas de amor y de cowboy”.
¿El libro más caro que vendió? “Fue un antiguo ejemplar de una obra de María Concepción Leyes de Chaves. Lo compró una señora”, revela. Se trataba de un texto escolar de la década del 50.
Obra firmada por Hitler
Julio Domínguez se inició en la venta de libros en la librería El Lector. Luego de jubilarse, abrió su propio negocio de libros usados. “Comencé con 150 títulos”, recuerda. Hace 10 años que está en su local actual Domínguez Libros, sobre la calle 25 de Mayo. “No es nada fácil, pero me da mucha satisfacción porque los libros no son baratos en nuestro país”.
Asegura que los antiguos son los más requeridos por aquellos estudiantes que están elaborando su tesis, pero ninguno se iguala a la rareza que pasó alguna vez por sus manos. “En una ocasión estaba con un amigo médico paraguayo, quien había venido de los Estados Unidos. En eso llegó un señor a traerme un libro de tapa dura. Me sorprendió cuando vi la imagen de Hitler y que estaba escrito en alemán. Era la primera edición de Mi lucha (1925), en letra gótica, con la foto y ¡la firma de Hitler!”, exclama. El médico amigo reaccionó enseguida, “prácticamente, me lo arrancó de las manos. ¡Me dijo que era un tesoro!”.
Julio cuenta que lo que más le piden son libros sobre las Guerras contra la Triple Alianza y del Chaco. También se compran libros de reflexión, autoayuda, bestsellers y títulos de nuestros grandes escritores.
“Lectura pasó a segundo plano”
La Librería Balzac es otra de las más antiguas librerías de segunda mano en Asunción. Su propietario, Juan Carlos Sanabria, inició el negocio sobre la calle Chile, en los años 70. Aunque se queja de que hoy, “con la tecnología, la lectura pasó a segundo plano”, su negocio sigue en pie. El libro más antiguo que vendió fue una obra de George Thompson, sobre la Guerra contra la Triple Alianza, que data de 1869.
Para muchos, el significado que tiene un libro usado es que ese ejemplar ya ha vivido historias, aparte de las que guarda en su interior, ha visto muchas cosas y ha estado con muchas personas, o tal vez no, eso no lo sabremos, pero es lindo imaginarlo. Sobre todo, el gusto de encontrar rastros del dueño anterior, como una nota, una frase subrayada, una dedicatoria y, por qué no, una carta de amor o una fotografía. Son esas pequeñas cosas que le dan más valor: sus tesoros escondidos.
Mercado regional
Tanto el profesor Olivera como los libreros coinciden en que hay un mercado regional para los libros de segunda mano. Julio Domínguez cuenta que recibe a mucha gente del Uruguay interesada en comprar obras de autores de su país, porque acá cuestan mucho menos. Lo mismo ocurre con los paraguayos. En los países vecinos “se pueden conseguir obras de Barret o Casaccia, que acá se venden mucho más caras”, asegura Olivera.
Se reinventan
Además de estas librerías, en las redes sociales también se pueden encontrar páginas de ventas de libros de segunda mano. En muchas partes del mundo, las librerías de este tipo son conocidas como low cost, con locales modernos y ejemplares ordenados y catalogados.
• Fotos ABC Color/Silvio Rojas.
