Salamandra y sus 20 años de rock pynandi

Un viejo depósito al costado de la estación de tren de Ypacaraí fue testigo de la sed de música de unos jóvenes de entre 13 y 14 años que tomaron guitarras y un barril de metal como batería, para marcar el ritmo de sus sueños. Y pasaron 20 años...

Salamandra y sus 20 años de rock pynandi.
Salamandra y sus 20 años de rock pynandi.

Un camino construido a base de humildad y autenticidad, desde la bella y mítica Ypacaraí, hacia todo el país y el mundo, es lo que edificó Salamandra. La banda celebra dos décadas de nacimiento con un concierto desde el lago, con cuotas de música y conciencia ambiental, transmitido por streaming.

¡Cómo han cambiado los tiempos! La siesta era su horario elegido para practicar, en el año 2000, de cara al Festi Bosco, evento artístico del colegio al que acudían y donde se presentarían por primera vez.

“Era el único lugar en la ciudad donde existían instrumentos de rock and roll de verdad, como bajo eléctrico, guitarra eléctrica, batería y amplificadores”, recuerda Javi Zacher sobre el colegio Don Bosco de su ciudad, cuyo festival fue la excusa para juntarse a hacer música. “Iba a ser un rato nomás”, admite sobre la “ocurrencia”, pero después de que tocaron confirmaron que ese era su sueño.

Los primeros pasos

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En esa primera conformación él no era el vocalista, sino guitarrista. La voz estaba a cargo de Miguel Molinas y la batería de Marcos Molinas, quienes luego saldrían por cuestiones familiares. Javi y Cachito pronto estiraron a José “Bato Loco” Gaona, quien por esos tiempos era baterista de Bohemia Urbana, banda de Jaime, hermano de Javi; completándose el grupo actualmente con Rodney Cords, que también hacía guitarras en dicha banda. “No sé si estaba predestinado o qué sé yo, pero siempre estuvimos ahí orbitando”, expresa el guitarrista, quien tomó el lugar que dejó Willy Chávez.

Reviven una anécdota de esos tiempos cuando cada uno llevaba en las manos una parte de las que conforman una batería, ya que no tenían móvil para trasladarse. Había un festival folclórico al que no fueron invitados pero ellos exigieron tocar “de puro akãhatã”. “Aquí, en ese tiempo, eran todos festivales de folclore, y exigíamos que nos dejen tocar, éramos un fastidio”, recordó Javi entre las carcajadas de sus compañeros y entre saludos a los vecinos que pasaban mientras conversaban con ABC Revista.

Luego llegó el primer demo, Cianuro, con el que de forma totalmente autogestionada se fueron abriendo paso, golpeando puertas y llevándolo a las radios ellos mismos. “Un amigo que se llama Sergio Yamil nos dio 600.000 guaraníes para que pudiéramos grabar. Hicimos 100 copias”, dice Javi, pero advierte que recién después de tres años el demo empezó a sonar en las radios, un poco “sin querer” gracias a un compilado pirata de rock nacional que incluyó sus primeras cinco canciones por partida doble.

Su camino inicial también incluyó que ellos organizaran sus propios shows, como el primero en el bar La Viola “donde hubo solo cinco pagantes”, bromea Zacher, enumerando a sus amigos y familiares. “Una de las primeras bandas que nos dio espacio en un festival importante fue Flou. No nos conocían personalmente, la verdad, pero Walter propuso que se nos invite al Flou Rock Fest en el Ferrocarril, y desde ahí empezó una buena amistad. Ese fue el primer festival rockero al que nos invitaron, donde nos sentimos realmente ubicados, ya que antes solo tocábamos en eventos por el Día de la Madre o en esos festivales folclóricos, porque no había mucho que hacer acá, pero este era el lugar donde vivíamos y teníamos que transgredir la tranquilidad de los demás”, cuenta entre chistes Javi.

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Un camino auténtico

Un EP (Cianuro), cuatro discos de estudio: Todo en tu cabeza, Vamos de gira, Alma en peña y El inconsciente roba discos, DVD de shows en vivo y con versiones acústicas, giras nacionales e internacionales, el compartir escenario con bandas y artistas como Catupecu Machu, Charly García, Guns N’Roses, No Te Va Gustar; el ser parte de grandes festivales de nuestro país. Todo eso y más son los logros visibles de este grupo.

Pero internamente también hay introspección. Pensar en eso, a Javi, más que inflarle el pecho, le da “tranquilidad”. “Para mí es una satisfacción personal decir que tengo una amistad con gente que admiré siempre, o sería como decirle a mi mamá: ‘Mirá, me recibí de la universidad y acá está mi título’”, expresa con una sonrisa de oreja a oreja. “Es hermoso –añade– siento una satisfacción plena de lograr hacer música, de estar parado en el lado del rock and roll hasta hoy en día y que mientras haya aire en los pulmones no se va a terminar”.

Para ellos no hay “fórmulas” ni “secretos”, porque, a decir de Galeano, lograron trazar su recorrido siendo quienes son y sin tratar de ser lo que no son. Resalta “la autenticidad” como una de las cosas esenciales para todo artista: “Cuando nosotros empezábamos a tocar sonaban muchas bandas de punk, y nosotros tocábamos entre esas bandas, pero sin hacer punk. Después empezó la fiebre de la cumbia o el reguetón, pero nosotros seguimos haciendo lo mismo”, reflexiona.

Además, para él es obvio que cada grupo tiene su “evolución según su transitar”. “Te vas encontrando con cosas nuevas, te vas ‘tuneando’ o deshaciéndote de ciertas cosas”, admite para luego contar que haciendo escuchar su nuevo material a una amiga, ella le dijo que “suena a nuevo”, pero también siempre “a Salamandra”. “Eso es testimonio de que hay algo de autenticidad”.

Algo que el guitarrista Rodney agrega en ese sentido es que otra clave es “no entender” cómo funciona la música en cuestiones de comercio: “Si vos no entendés es porque estás por buen camino, porque no sabés toda la contaminación que tiene el negocio de la música. Capaz que si te das cuenta de eso, cuando estás empezando decís: ‘No, voy a ser ingeniero o doctor’. Porque cuando vos te colgás un instrumento es porque querés y no estás pensando en la música como una alcancía”.

“El camino de la música es muy radical, tenés que despojarte de muchas ambiciones”, suma a ese pensamiento Javi. Coincide con Rodney en que al momento en que se calzan un instrumento “no están pensando en dinero, sino en nada más que solo la música”. Por eso, afirma, “es muy necesario entregarte al instrumento y dejar los otros pensamientos afuera”. Para mantener la banda sólida, indica Cords, “es fundamental, humanamente, entender que en lo que se está gestando se consolida también una familia. Porque de afuera puede venir un montón de personas, y si ese castillo de naipes no está consolidado se puede caer”.

“Gratitud”, es la palabra que sale de la boca del bajista, Cachito, al pensar en cómo se sienten cuando muchas bandas de rock u otros estilos, nacidas después de ellos en la zona de Ypacaraí, Caacupé o Itauguá, mencionan siempre a Salamandra como el grupo que abrió un camino. En eso Javi recordó una entrevista que le hicieron una vez en la que –piensa– “no sé si había malicia o no”, pero le dicen: “Es muy interesante la música que hacen, encima vienen del interior”. El cantante dice que se sorprendieron al entender que quizás pensaron que hacían “música interesante a pesar de ser del interior”. “Ahí es donde sale, por supuesto, que somos del interior y ¡aguante la campaña! totalmente, y eso es el rock pynandi. Es un orgullo, porque a nosotros hasta nos costó mucho tener instrumentos, pero eso fue lo genial de esto. Una de las cosas que nos enseñó el papá de ‘Bato’ (quien en los inicios fungió de chofer de la banda) es que tenemos que valorar todo. Respetar el trabajo, porque la música también es un trabajo, no es para joder, y esa enseñanza fue demasiado grandiosa”, remarca el artista.

Escenario natural

Ese amor y esa convicción por la música es lo que hace que el grupo reciba sus dos décadas en plena actividad. Este año ya presentaron temas nuevos como Voy o 2 AM, que formarán parte de su próximo disco de estudio. Además, el festejo del aniversario será con el lago Ypacaraí de escenario natural, para dar también un mensaje de conciencia social.

“El lago hace mucho que pasa por problemas”, analiza Zacher, pero también aclara que hacen este recital para que más gente pueda entender la problemática: “El problema no está en el lago sino desde donde nacen estos arroyos, allá desde San Lorenzo o Lambaré, viene de lejos. Queremos que la gente desde allí empiece a ayudar, a cuidar. Nosotros siempre podemos tirar nuestra opinión sobre lo que está pasando, sobre las cosas que nos afectan a todos, y tratar de aprovechar esto para hacer eco de este grito de auxilio del lago”.

Además, sobre esta situación actual de pandemia considera que en el mundo “se están aprovechando del momento para muchas injusticias”. Especialmente aquí con los obreros, con quienes –considera– “están ocurriendo demasiadas injusticias”. “Las empresas se están aprovechando para abusar de los trabajadores. Es triste que estén explotando una pandemia para ganar un poco más ellos y esclavizar más a la gente”, plantea.

Pero para ellos la música es todo lo que los mantiene vivos y lo que seguirán haciendo. Es su forma de demostrar que pueden plantarse ante toda clase de injusticias y que pueden hacer de este mundo un sitio más habitable. “La música es nuestra vida”, reafirma Javi. “Vos nos tirás por el mundo con una guitarra y una lata de leche Nido para que Bato la haga sonar, y vamos a hacer música”, cierra Cachito, mientras el sol del mediodía rebotaba sobre sus lentes espejados.

Festejo online

Este 6 de agosto Salamandra cumple 20 años, con los integrantes en plena actividad a pesar de la pandemia, y siendo una de las bandas con identidad más propia del rock nacional.

El concierto de aniversario va a estar disponible desde el próximo 14 de agosto a las 20:00 por la plataforma streaming de Claro. El acceso a la reproducción del material será libre y gratuito.

victoria.martinez@abc.com.py

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