El termómetro casi llegaba a los 40 ºC, poniendo de manifiesto una nueva jornada de intenso calor en la zona del Chaco, aun así, no era impedimento para que el maestro Gamadiel Balbuena recorriera los hogares de sus alumnitos, en la comunidad indígena Abundancia, en el distrito de Fuerte Olimpo, donde viven los ishir o chamacocos.
Una niñita, cuyo nombre luego supimos que es Anabel, con tan solo 7 añitos, esperaba sentada y ansiosa la llegada de su maestro.
En una mesita improvisada, el educador saca sus herramientas, que lejos de ser una tablet o una notebook consistía en cartones reciclados, donde estaban escritos el abecedario y las consonantes, e inmediatamente comienza a explicar a la pequeña las lecciones de la clase de Comunicación.
Luego desarrolla unas breves lecciones de Matemática, ante la atenta mirada de su alumnita, quien escribía en su cuaderno la tarea que debía realizar. El maestro dedicó unos 15 minutos a su alumna, y luego prosiguió camino hacia otra vivienda, donde lo aguardaba otro de sus alumnos.
Sin conexión
Sucede que en esta localidad, como en tantas otras del Alto Paraguay, la propuesta del Ministerio de Educación y Ciencias de impartir la plataforma de clases virtuales es una tarea más que difícil, debido a la escasa conexión de alumnos, por baja cobertura de internet o por la imposibilidad de que los padres compren a sus hijos teléfonos de alta gama o una notebook.
En esta comunidad los pobladores que deseen utilizar sus celulares deben trepar un árbol en busca de señal, por lo que pensar en el uso de internet es totalmente imposible.
Otro ejemplo de este trabajo diario de los maestros de esta comunidad se dio con la alumna del primer grado, Josefina Báez (7), quien al ver que llegaba su maestro para la clase diaria y percatarse de nuestra presencia inmediatamente ingresó de nuevo a su humilde vivienda, para vestir el traje típico que caracteriza a las tradiciones de este pueblo y que suele utilizar la pequeña para danzar en celebraciones especiales de la comunidad.
La vida de una escuelita
Cindy Calonga, directora de la humilde escuelita, nos comenta que cuentan con unos 40 alumnos del primer y segundo ciclo de la EEB, y son cuatro los maestros que trabajan en la institución.
“Como no podíamos acudir a la escuela por la cuarentena sanitaria y ante la imposibilidad total de desarrollar las clases virtuales del MEC, nos ingeniamos y recorremos a diario las casas de nuestros alumnos, a quienes dedicamos unos minutos para explicar la tarea que deben realizar en la semana”.
Las evaluaciones se realizan cada fin de semana “recogiendo los cuadernillos que utilizamos con los niños y que son reciclados de cartones y hojas blancas que logramos conseguir, atendiendo que no podemos exigir a los alumnos la realización de fotocopias, sabiendo la situación económica de sus padres”, dice Cindy Calonga.
La única ventaja de estos maestros es que la población es pequeña y pueden llegar a todos sus alumnos.
Lejos de renunciar a la tarea de educar, y antes que criticar las acciones del MEC, estos maestros siguen demostrando admiración y respeto, pues con ingenio y creatividad desarrollan durante este difícil año 2020 la noble misión de impartir educación.
La crisis del covid-19 ha puesto al descubierto tantas necesidades en nuestro país, sobre todo en las áreas más sensibles, como la salud y la educación, y ha demostrado la existencia de sociedades bien diferentes en relación con lo que se vive en la capital del país y localidades del interior y, de manera especial, en las poblaciones indígenas más aisladas.
La manera en que imparten las clases domiciliarias estos maestros ishir y los materiales que utilizan, también se replicaron en otras poblaciones indígenas del Alto Paraguay.
Mientras siguen las discusiones de la vuelta o no a clases en medio de la pandemia, cuando el año escolar ya está concluyendo, es evidente que los ishir no han tenido un año perdido.
Texto y fotos: Carlos Almirón calmiron@abc.com.py
