Maestro de voces nuevas

Este artículo tiene 5 años de antigüedad
Maestro de voces nuevas
Maestro de voces nuevasArcenio Acuña, ABC Color

De jovencito, Miguel Coronel (48) anhelaba ser cantante pop, pero un profesor le reveló su talento lírico. Le hizo caso y no se arrepiente. Después de años, sacrificios y estudio se convirtió en cantante y maestro de canto. Hoy, también gestor cultural y director musical, forma a grandes artistas que proyectan su gran sueño hacia la excelencia.

Miguel nació en Asunción, está casado y tiene cuatro hijos. No tiene antecedentes de otros músicos en su familia. Su ingreso al mundo artístico se dio cuando estaba de servicio militar en la Municipalidad de Asunción: “Era la época en que había auxiliares en la Municipalidad, servíamos ahí a cambio de conseguir la baja; el intendente era Porfirio Pereira Ruiz Díaz”. En ese ambiente, se enteró de una beca para funcionarios que quisieran estudiar arte. “Yo quería cantar, llamé a la Escuela de Canto y me atendió la maestra Ana María Casamayouret, ella me inscribió y ahí comencé mi carrera, que se consolidaría más tarde con la compañía de ópera de UniNorte como solista tenor, con roles principales durante 9 temporadas”. Miguel recuerda que cuando se iniciaba en el canto, la profesora Isis de Bárcena Echeveste –del Centre Catalá de Asunción– le dijo que era barítono, pero en la Escuela de Canto lo tomaron como tenor, cuerda con la cual cantó toda su vida. “Aunque ahora en la madurez, tipo Plácido Domingo, estoy cantando de barítono, ya que mi escala bajó unos tonos. Pero también llegué a cantar como contratenor, me capacité en esa cuerda para poder guiar a las voces femeninas o niños en la educación de la técnica vocal y repertorios”, detalla el tenor guaraní.

–Cuando se tiene talento, ¿igual hay cosas difíciles?

–Sí, a mí me costó mucho impostar la voz, definir mi registro porque quería ser cantante popular (mi ídolo era Luis Miguel), hasta que mi maestro, el barítono Luis Gaona, me dijo que mi voz tenía la proyección para ser cantante lírico, alternando con la técnica popular.

–¿Qué descubriste en el mundo lírico?

–Mi verdadera vocación, gracias a los grandes maestros de la Escuela de Canto. Aprendí que en Paraguay hay buenos cantantes, incluso con más técnica y talento que yo, pero nunca se enseña la capacidad de autogestión, proyección, capacitación y ser un emprendedor.

–Se dice que Paraguay es un país musical.

–Es musical para la música popular y empírica, pero cuando se entra en el campo de la formalización, hay mucha resistencia. En el campo lírico, para desarrollar la capacidad técnica, interpretativa, uno debe sacrificar mucho tiempo y dinero para poder llegar a la meta.

–¿Qué les falta a los líricos paraguayos?

–Espíritu de sacrificio, creer en su talento, sobrepasar las dificultades. Por otro lado, hace falta renovar el público que va a la ópera y fijar precios asequibles. Decía Wagner: “Hace falta potenciar en los jóvenes el acercamiento al arte desde todas las perspectivas posibles”. Necesitamos un apoyo de los organismos públicos y una mayor inversión. Paraguay es uno de los únicos países en el mundo que no tiene un elenco lírico, y la Secretaría Nacional de Cultura debería potenciar este déficit.

–Año 2020-21, ¿cómo te reinventaste?

–Dando clases, master clases y creando festivales musicales online, ya que durante muchos años he construido mi fama de maestro de canto y técnica formando grandes artistas del canto, eso me dio la posibilidad de captar más fácilmente a los estudiantes y poder generar los honorarios caídos en esta pandemia. Ahora también me aboco a retomar tímidamente mi carrera de solista lírico.

–¿Cómo afectaron al canto las clases online?

–Las clases online son peligrosas para el canto, ya que se trabaja el cuerpo y para ello el maestro debe tener el oído en alerta y ver si todo el engranaje de los músculos, intrínseco y extrínseco, vocales y respiratorios están en armonía, y esto por el audio y el video es difícil por la interferencia en las transmisiones. El beneficio, cuando hay buena señal, es al menos oír su canto y corregir su interpretación, pero la técnica es imposible.

–¿Quién fue tu inspiración en el canto, en la vida?

–El gran tenor barcelonés José Carreras, al cual tuve el privilegio de conocer personalmente cuando vino al Paraguay, gracias al maestro Diego Sánchez Haase y al tenor José Mongelós. En la vida me inspiran Verdi y Puccini. En la cotidianeidad, mi gran inspiración es mi esposa Cirila.

–Si pudieras viajar, ¿adónde irías y qué llevarías?

–Viajaría a Milán, a la Scala a ver una ópera o bien, Metropolitan House de New York. Llevaría mi maleta vacía para traer muchos libros y partituras.

–¿Pensaste en ir al extranjero para hacer carrera?

–Tuve grandes maestros que quisieron llevarme a Europa para crecer, tal vez hubiera sido una estrella de la lírica, pero el destino me impulsó a quedarme en mi país y formar talentos. Doy la mejor formación artística a la que pueden acceder en este país los estudiantes, impidiendo así que dejen sus comunidades y familias para cumplir sus sueños.

–La pandemia golpeó a todas las artes...

–Para el retraso que la lírica tiene en Paraguay, no hace falta pandemia, siempre estuvimos así, relegados por falta de políticas culturales equitativas. Solo queda la limosna del Estado a través de las convocatorias del Fondec y la Secretaría Nacional de Cultura, algunos fondos municipales o privados, si tenés suerte.

–¿Qué momento del día es el más importante para vos?

–Desde el alba hasta el final del día. Cuando me despierto agradezco a Dios por darme fuerza y salud, y al acostarme pienso en poder ser mejor cada día y agradezco a mi familia por bancarme siempre.

lperalta@abc.com.py