La conmovedora historia de un soldado de barro

A los siete años, cuando acompañaba a su padre en las labores de construcción en los alrededores de la Chacarita, Lucio jamás se habría imaginado que llegaría a convertirse en un “soldado de barro” para sobrevivir al otro lado del Atlántico y sacar adelante a su familia.

Lucio Ramírez con su vestimenta de soldado de barro en la Plaza Mayor de Madrid. Gentileza.
Lucio Ramírez con su vestimenta de soldado de barro en la Plaza Mayor de Madrid. Gentileza.SILVIO ROJAS

Un fenómeno extendido en otras latitudes, pero que muy poco ha prendido en Asunción es el de las “estatuas humanas”. Encontrarlos en las calles, salvo en algunas ocasiones festivas o muy especiales, es toda una novedad. Pero esta tarea le ha dado sustento a un paraguayo que en vísperas de la Navidad de 2005 como tantos otros decidió partir rumbo a España.

“Tuve que hipotecar mi casa y dejar a mis tres hijos adolescentes al cuidado de su madre para que ellos pudieran tener una formación universitaria. Querían estudiar en la Universidad Columbia y como me ofrecieron trabajo y techo en España decidí emprender viaje”, cuenta muy emocionado don Lucio Ramírez Ojeda (65) sobre la experiencia vivida en busca de mejores horizontes. Hoy se halla plenamente reincorporado a nuestra sociedad junto con su esposa, Teresa Fariña de Ramírez, orgulloso y satisfecho del deber cumplido.

Su hazaña no solo ha quedado para el recuerdo familiar, sino también está plasmado en un conmovedor video que preparó para enviárselo a sus hijos. En el “cortometraje” se muestra cuán ha sido el sacrificio de abrirse paso en otros lares, lejos de casa, para no estar ausente en la formación que quería para los suyos. Hoy ya son todos profesionales con formación universitaria. La mayor Zuner Isabel es contadora, César Israel es ingeniero informático y Griselda Natalia es bioquímica.

Empezar de cero

En la Madre Patria, la expectativa estuvo lejos de la realidad y al poco tiempo Lucio quedó sin el trabajo que lo había llevado. Tuvo que empezar de cero. Entonces, su primer reintento laboral fue vender libros usados en las calles de Madrid. “Fueron momentos muy duros en que andaba corriendo de la policía, porque no tenía documentos y además estaba sin contrato de trabajo”, recuerda.

Imitando las estatuas humanas que vio en abundancia en Madrid, Lucio Ramírez decidió vestir el traje de un conejo blanco con una zanahoria en la mano y a veces atajándolo con los dientes para hacerse de algunos euros, pero era demasiado incómodo y lo consideraba hasta “humillante”.

El primer día, luego de 12 horas de intento, se ganó apenas 7 euros. “Me bajoneó mucho la moral. Al día siguiente, me habló un señor para que no decayera y me gané 15 euros y así sucesivamente”, revela.

Y allí en la misma Plaza Mayor, entre tantos inmigrantes que buscaban ganarse la vida, fue como conoció a un senegalés que había llegado a la península a bordo de una patera. “Creo que Dios lo puso en mi camino. El vendía películas y allí hablando de las estatuas humanas –casi en lenguaje de señas– me ofreció una película y me dijo que lo que faltaba en ese lugar era un soldado, un marino norteamericano, pero de barro, lo cual sería muy novedoso”.

El conejo no era el personaje que llenaba sus expectativas y la idea de vestirse ahora como soldado prendió inmediatamente en Lucio Ramírez. Se convenció aún más al ver la película que le mostró el senegalés: Tormenta del desierto” sobre la guerra del Golfo. Se dispuso a asumir el protagonismo y hacerlo a la perfección. “Me llevó nueve meses estudiar con una profesora que me indicó el secreto de las estatuas humanas: respiración, concentración y equilibrio. Todos los días practicaba durante dos horas hasta lograr quedar totalmente paralizado como una escultura. Alcancé seis minutos totalmente inmóvil”, recuerda.

El nuevo personaje

Al tener definido el nuevo personaje buscó el uniforme y el maquillaje adecuados y los halló en las tiendas que llaman “rancheras”, de donde se surten normalmente los artistas callejeros. “Yo mismo pinté el disfraz en color barro y me embadurné el rostro. Pronto adquirí la práctica y logro mi preparación para la labor en un lapso no mayor de 7 a 10 minutos”, comenta.

Otra vez la casualidad hizo que se le abrieran más puertas allí en la bulliciosa Plaza Mayor en medio del rebusque. El soldado de barro era la atracción de los turistas norteamericanos que al verlo se sorprendían y dejaban las propinas. Cumpliendo con su personaje llegó un grupo que quería tomarse una foto con él. Entre ellos estaba un español cuyo teléfono irrumpió en medio del trajín. “Lo escuché hablar y me percaté de que era maestro de obras y constructor que necesitaba de alguien para trabajar. Le pedí disculpas por escuchar su conversación y le dije que esa era mi profesión y quería trabajar en la construcción y que fue para eso mismo que había ido a España”.

Así logró incorporarse a la conocida empresa constructora Dragados, sin dejar de lado del todo su labor artística. “Estaba de lunes a viernes en las construcciones y los sábados y domingos, durante seis horas, volvía a mi rol de artista callejero porque tenía que levantar la hipoteca y ayudar para la educación de mis hijos que quedaron en Paraguay. Cuanto antes lo lograra mejor, era mi objetivo”, afirma.

Don Lucio no conocía de los rigores del clima ni se dejaba vencer por el cansancio. Por las noches regresaba a su piso y con dificultad y dolores se sacaba las botas por las várices que afloraban en sus piernas de tanto esfuerzo de estar parado.

Uno de sus amigos españoles que lo apreciaba bastante lo alentó y ayudó a preparar una “película” para enviárselos a sus hijos “para que ellos vieran el sacrificio que yo estaba haciendo por ellos y que pudieran tener una buena educación”, comenta.

Y el esfuerzo ha rendido sus frutos, pues el paraguayo logró viajar con su traje de soldado de barro a otros países de la Unión Europea para participar como artista. Fue a Francia, Alemania, Portugal y Holanda durante los siete años de residencia en España, de donde regresó en 2012. Además, logró su objetivo de pagar todas las deudas que le había deparado migrar y logró que sus hijos pudieran estudiar en la universidad sin que le faltara nada a la familia.

Ahora, quienes –sorprendidos con su historia– observan aquel cortometraje son sus seis nietos con quienes disfruta de los ratos libres en su casa de Fernando de la Mora.

Atrás quedó aquel tiempo en que se alejó de su país y su familia y se ganaba la vida con 20 a 25 euros por día. Pero su testimonio sirve de motivación y aliento para los suyos y para quienes lo conocen.

“Estatuas con alma”

Es el título de un artículo publicado en el diario ABC de Madrid en 2012 y que recoge la experiencia de Lucio Ramírez, al que califica como un “obrero reconvertido en soldado estatua” y lo presenta como un ejemplo de reinventarse a sí mismo ante la adversidad.

Destaca que el fenómeno de las estatuas vivientes se ha consagrado y ha ido en aumento en España con la ayuda de la Asociación Española y Comunitaria de Estatuas Vivientes y Artes Escénicas (Aecevae), luego de la grave crisis que afectó al sector de la construcción. El gremio cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid.

El arte de asumir el papel de estatuas es “una disciplina que deriva del mimo y que requiere del aprendizaje de una técnica específica”, refiere la crónica señalando que el ganador de mantenerse inmóvil y sin parpadear en concursos por más tiempo se dio en Holanda y que fue de 10 minutos. Lucio no estuvo muy lejos con sus seis minutos.

La asociación ayuda a quienes se dedican a este arte, les sirve de “bolsa de trabajo” y hace que compitan a nivel internacional en concursos en una noble labor solidaria.

pgomez@abc.com.py

Lo
más leído
del día

01
02
03
04
05