Kabul y Saigón, ¿un solo corazón?

La retirada norteamericana de Afganistán, en agosto pasado, trajo a muchos memoriosos recuerdos de un episodio similar en Saigón, en abril de 1975 cuando con similar urgencia, el embajador norteamericano tomó su bandera y abordó un helicóptero, dejando el camino despejado para que el ejército vietnamita del norte diera por concluida la guerra civil que había comenzado contra los franceses.

Al menos tres millones de turistas visitan cada año el Monumento a los Veteranos de Vietnam en Washington D.C.
Al menos tres millones de turistas visitan cada año el Monumento a los Veteranos de Vietnam en Washington D.C.Gentileza de Beatriz Bosio

La Guerra de Vietnam significó muchas cosas para los norteamericanos. Llegaron a ella luego de la derrota francesa en Dien Bien Phu, entre marzo y mayo de 1954, a manos de los nacionalistas marxistas del llamado Viet Minh. Los franceses dieron por terminada su presencia colonial en lo que se llamaba la Cochinchina.

Los comunistas, con ayuda de la Unión Soviética y China, se fueron apoderando de la región norte cuya ciudad principal era Hanoi. Ya en plena Guerra Fría se llevó el caso a las Naciones Unidas donde se dividió al país en dos regiones, separadas por el Paralelo 17. La parte Sur quedó simpatizando con Occidente.

Creyendo poder completar la tarea de vencer a los comunistas que los franceses dejaran inconclusa, los Estados Unidos se fueron involucrando de a poco para tomar esa posta. Se basaban en la teoría del Dominó según la cual había que expulsar al comunismo de un país, porque si el mismo se fortaleciera, pronto todos los países vecinos irían a caer debido a sus agresiones.

Las comparaciones con Afganistán no son ociosas. En ambos países, los norteamericanos tomaron como aliados a político y militares corruptos, carentes de espíritu de lucha contra el enemigo y la única cosa que por años se interponía entre la victoria del Norte en Vietnam era la masiva presencia militar de los EE.UU., a un costo sideral para su economía y sin mayor objetivo militar que aferrarse a lo que ya tenían.

En Vietnam, sin embargo, se estaba peleando la última batalla contra el comunismo. Luego de 58 mil muertos y toda una rebelión juvenil en los años 1960s, quedó claro que el poderío norteamericano no era infalible y que luego de dos siglos de vida independiente, finalmente conocieron la derrota.

La aventura en el sudeste asiático dejó secuelas y cicatrices y en un intento por reencontrar rumbos y sanar resquemores, se planeó la construcción de un monumento por concurso público. La ganadora fue la arquitecta de origen chino, Maya Yingh Lin y su diseño fue un simple pero poderoso muro de granito negro en una hondonada en la forma de V, no de la victoria sino de Vietnam. El muro debía llevar los nombres de todos los muertos y desaparecidos norteamericanos en la guerra.

La polémica no se hizo esperar. Para contrarrestar lo abstracto del muro, se aceptó una escultura más convencional en la forma de tres soldados, uno blanco, uno negro y un latino. Más tarde se erigió otro sobre el papel de las mujeres y se ve la estatua de la enfermera con un herido.

Erigido en 1982, en un desnivel que lo saca de la vista del público, al lado del majestuoso Lincoln Memorial, el Muro es de los más visitados en Washington y fue totalmente apropiado que la misma controversia que generó la guerra se extendiera luego al monumento que la inmortaliza.

Dada la naturaleza diferente de la experiencia estadounidense en Afganistan, nadie apostaría que algún monumento la conmemore, aunque fue la guerra más larga de todas en la historia norteamericana.

beagbosio@gmail.com

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