¡Cuidado con las pirañas y rayas!

Con el rabioso sol de enero, nada mejor que un refrescante chapuzón en el río o en los arroyos para la gente que se quedó a vacacionar en el país. ¡Pero ojo! Hay que tener precaución con dos especies que dominan las aguas: las temibles pirañas y las peligrosas rayas.

Las pirañas proliferan en los días de intenso calor entre camalotales.
Las pirañas proliferan en los días de intenso calor entre camalotales.

Las pirañas y rayas siempre existieron en todos los recursos hídricos de nuestro país, pero en determinadas épocas proliferan y se constituyen en un verdadero peligro. El suspenso aumenta cuando escuchamos hablar de sus ataques y empeora el temor pensando en la voracidad con que las vimos en las películas.

El padre José Sánchez Labrador, en su obra “Peces y Aves del Paraguay Natural”, publicado en 1767, describe a los Pirai (llamado palometa por los españoles y pirain por los guaraníes) como “uno de los más comunes en todos los ríos y de los más atrevidos”, sobre todo en época de inundaciones, pues invaden las lagunas y otros cursos de agua. No le pasan desapercibidos sus “afilados y agudos” dientes a los que llama verdaderas “cuchillas”.

Cuenta el religioso: “En mi tiempo sucedió tal cual hecho lastimoso; en la ciudad de Asunción, a la cual baña el río Paraguay, uno de los mordidos murió después de pocas horas desangrado. Al cual, una palometa, le segó los órganos varoniles sin dejarle vestigio de hombre. Los pescadores frecuentemente se quedan burlados con el sedal o liña en la mano, pues la palometa le corta casi instantáneamente y se lleva el anzuelo”.

Agrega que son peces “amicísimos de sangre”, por lo que producen heridas a quienes ingresan en el agua sin advertir su presencia y ante el vertido de sangre acuden a montones.

También cuenta la historia de un “pobre infiel de la nación mbaya” a quien hirieron unos yacarés y tras teñir el agua con su sangre aparecieron los los peces que lo “despedazaron y comieron”.

Otro peligro advertido en las aguas por el sacerdote jesuita en su época eran las rayas o yabebí que abundan muchísimo en los ríos del Paraguay de tal forma que yabebiry significa “río de las rayas”. Explica que cuando por alguna razón los remeros deben arrastrar su bote deben ir con un palo en la mano clavando la arena de la costa para espantar y hacer huir a las rayas y así librarse de ser heridos por su púa o aguijones de la cola. “Los indios mbayas de miedo a este animal, en sitios sospechosos no se bañan tendiéndose en el agua, sino puestos en cuclillas, echándose con las manos el agua sobre la cabeza”.

La púa del yabebyi, dice Sánchez Labrador, es “venenosa” y cuando el animal pica produce un dolor muy intenso, inflamación y espasmo. “La cura pronta es abrir un poco la herida y meter en ella el brotecito o germen que tiene el ajo, o un pedacito de este (...) también sirven los ajitos que sin cultivo nacen en los campos del Paraguay o en la ciudad de Asunción”. Otro antiguo remedio es el tabaco que ayuda a expulsar la aguaza algo amarillenta y sangre y con eso disminuye el dolor. También se utilizan machacadas las raíces de los mangles que están en las costas de los ríos o arroyos. El sacerdote también comenta en su libro que la púa de la raya la utilizaban los nativos en muchas partes de América para curar el dolor de muelas y para las puntas de sus flechas a las que agregaban otros elementos para envenenar a sus enemigos.

Un peligro en varios países

A finales de la década del 60 y comienzo de los 70 la presencia de pirañas en varios países de América constituía un verdadero peligro y motivo de estudios. Por entonces se había constatado su inmensa y rápida proliferación y la tremenda ferocidad con que atacaban a hombres y bestias que ingresaban a las aguas infestadas.

En los campeonatos sudamericanos de pesca la extracción de pirañas eran parte del programa, especialmente en las inmediaciones del Deportivo Sajonia. No obstante, también eran un problema. “La piraña, el más voraz y peligroso de nuestros ríos, invade las aguas y les quita el buen humor a los cañófilos. Aumentan su presencia en los meses de calor y bajante”, decía una publicación de ABC Color en 1967.

En 1972 un fenómeno causaba preocupación y sobre el tema había escrito el doctor Narciso González Romero. Planteaba la hipótesis de una estrecha relación entre las pirañas y el yacaré. Las pirañas aumentaban a medida que la cacería liberaba las costas del río Paraguay de sus principales predadores, los yacarés. De este modo los voraces peces tenían vía libre para reproducirse y atacar otras especies más apreciadas de la fauna ictícola. Incluso, había yacarés en la bahía de Asunción en abundancia, pero fueron exterminados por la cacería.

En época de inundación esta misma situación hizo que las pirañas ingresaran al lago Ypacaraí por el desbordado río Salado creando zozobra a los bañistas en 1972. Incluso se llegó a llamar a las pirañas como “el asesino de los ríos”.

Estampas del terruño

En uno de sus tradicionales textos Darío Gómez Serrato dedicó un espacio a la piraña: “Destripando una piraña, casi nos lleva el dedo su feroz mordisco. Pero antes que imprecar y agravar la herida con presiones nerviosas, hilvanemos algo sobre este vitaminoso pescado que ya está dando cuenta de sus malandanzas, en el purgatorio de la olla hirviente. Su nombre genérico es guaraní puro. Los diccionarios no mencionan su origen. Pero eso interesa poco. Desde luego lo mismo pasa con el yacaré, pacú, suruvi, pati, etc. Piraña es una breve contracción de piraaña (Como cuña es de cu’aña, lengua mala). Nosotros llamamos pirai a la piraña. Comprimiendo más la aglutinación y significando que se distingue entre los peces por su temible dentadura. Por extensión y figuradamente, pirai es el pícaro, vivo, capaz de cualquier trastada.

En el mundo ictiológico es uno de los pocos que hasta huevos devora. Pirata submarino. Pesadilla de los ríos, para sus congéneres, para los incautos bañistas y para despreocupados pescadores. Pues la liña que huela a cebo es cortada en un santiamén por el astuto pirai. Como se lleva del bañista un dedo. Contiene la piraña excelentes propiedades nutritivas. En cuanto a su exceso de pequeñas espinas, no presenta inconvenientes a los nativos ribereños, que dejan intacto su esqueleto. Por lo demás se puede recurrir al hervor. Hasta que se desprenda la carne que es cuestión de quince minutos. Y se ingiere esta con el caldo, sustancioso, reconfortante. Pero no olvidemos que aun después de quedar sin vísceras, puede seguir mordiendo la piraña. Mientras no se le clave cualquier objeto penetrante en la concavidad de la nuca. Y ahora a comer la presa, que pasaron los reglamentarios minutos de cocción” (Fuente: Suplemento Dominical de ABC, 15 de octubre de 1972).

Carnívoro feroz

La piraña, refieren los doctores R. Masi Pallarés y S. Vallese, es conocida en guaraní como pirain y en español palometa. “Muchos son los que nunca han visto una piraña, pero así también, pocos los que no hayan escuchado hablar de ellas. Este pez comedor de hombres es fantasía de historias espeluznantes que no dejan de ser reales y que se refieren a la muerte de cabalgaduras que pretendían cruzar un río infestado de pirañas. El piráin goza de la reputación de un carnívoro feroz que no repara en cortar líneas de pescadores, las mallas de una red, mutilar bestias, morder atrozmente las ubres de una vaca y dejar los huesos pelados de un cuerpo que cae inerte al agua”.

Qué tener en cuenta ante un eventual ataque

Por: José María Peralta

Este caluroso verano hace que varias personas acudan a las playas para poder refrescarse; sin embargo, ya se reportó el ataque de pirañas a bañistas. El especialista Julio Javier Capli explica algunos consejos de cómo cuidarse ante este animal que genera conflicto a los veraneantes.

Capli recomienda no ingresar al agua en zonas de camalotes o donde hay plantas acuáticas flotantes o sumergidas, pues es ahí donde se encuentran las pirañas listas para atacar para proteger sus nidos, huevos y crías en su temporada de reproducción: “Este animal se vuelve territorial durante su etapa reproductiva, que inicia en septiembre y se extiende hasta marzo. Hacen sus nidos en zonas donde se encuentran camalotes o plantas acuáticas y protegen sus huevos con un ataque al que se acerca”.

Según Capli, las altas temperaturas y la bajante del río son factores para que este animal se vuelva más agresivo para proteger su territorio, que se extiende entre tres a cuatro metros. Estos peces son aislados y cuidan un nido como pareja; sin embargo, puede haber varios nidos en una zona.

Existen ocho especies de pirañas

En los ríos Paraná y Paraguay existen al menos ocho especies de pirañas; sin embargo, las que generan problemas son solo dos: la Serrasalmus Marginatus y la Serrasalmus Maculatus.

Las pirañas son especies normales en el río Paraguay e incluso, las seis especies restantes no generan mayores conflictos con ataques.

¿Cómo actuar ante un eventual ataque de piraña? La presencia de animales en el agua no debería generar miedo a los bañistas, pero sí se debe tener los respectivos cuidados ante una eventual invasión del territorio de los peces.

Las pirañas muerden los miembros inferiores del cuerpo, que son las partes que generalmente se encuentran totalmente sumergidas. El especialista aclaró que estos peces no saltan, como generalmente se suele ver en las películas de terror.

Si un bañista siente mordeduras en su cuerpo, debe salir inmediatamente del agua, alejarse de los camalotes, debe dar un signo de alarma a los demás veraneantes ante el peligro de agresión. “Nadie debería entrar al agua porque podría generarse otro ataque. Por su lado, el afectado debe ser asistido inmediatamente por un especialista”.

Capli relató que en balnearios de Brasil y Argentina también existieron casos de ataques de pirañas y en algunos se debió llegar hasta la amputación de alguna parte del cuerpo.

¿Cómo evitar la presencia de pirañas en las playas? Primeramente en los balnearios debe haber una limpieza constante de camalotes y plantas acuáticas, que son zonas en donde se reproducen las pirañas y, por lo tanto, potencial zona de ataque. En algunas playas de Brasil utilizan redes pequeñas o rejas metálicas para delimitar el territorio y evitar el acceso de animales acuáticos en los balnearios.

Y como la piraña no es el único peligro Capli advierte sobre la tenebrosa presencia de la mantarraya que se esconde bajo la arena y ataca cuando alguien la pisa.

pgomez@abc.com.py

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