Dos disparos y una llama

Aquel fatídico mediodía del 22 de noviembre de 1963 la historia del mundo cambiaría para siempre. Dos disparos fulminaron la vida del presidente número 35 de los Estados Unidos, John F. Kennedy, en Dallas, Texas, mientras iba con su esposa, Jackie, en un descapotable. JFK fue el cuarto presidente norteamericano que murió asesinado y el octavo fallecido en el ejercicio de sus funciones. En su memoria fue encendida la llama eterna en un espacio especial del cementerio de Arlington en Virginia.

La tumba de JFK con la llama eterna en el cementerio de Arlington, en Virginia, Estados Unidos.
La tumba de JFK con la llama eterna en el cementerio de Arlington, en Virginia, Estados Unidos.MARTA ESCURRA

Milimétricamente alineado con el Lincoln Memorial, el monumento a John F. Kennedy se erige en una de las colinas principales del cementerio de Arlington, en Virginia, Estados Unidos. Con el Arlington House, una bandera norteamericana y el cielo nuboso como telón de fondo, la llama eterna que arde en homenaje a JFK fue instalada por sugerencia de su viuda Jackie Kennedy.

La ex primera dama norteamericana se inspiró en la llama eterna en homenaje al soldado desconocido colocada en el Arco del Triunfo en París, Francia, lugar que la pareja presidencial había visitado en un viaje realizado en el año 1961.

Alimentado por gas propano

De acuerdo con la website Art and Culture, que cita el libro de William Manchester, Death of a President, “la señora Kennedy solicitó una llama eterna el 24 de noviembre de 1963 por la tarde, después de regresar a la Casa Blanca del funeral de Estado en el Capitolio”.

La reseña agrega que “los militares que habían organizado el funeral inmediatamente aceptaron su petición y se apresuraron en realizarlo. Por la noche, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EE. UU. preparó una línea de gas en el lugar de la tumba, alimentada por tanques de propano”.

John F. Kennedy es el cuarto presidente estadounidense muerto por asesinato (los anteriores fueron Abraham Lincoln, James Abram Garfield y William McKinley) y el octavo que fallece en sus funciones.

Las crónicas de la época recrean los momentos antes del asesinato y el magnicidio de manos de Lee Harvey Oswald, quien fue el que ejecutó dos disparos de rifle dando contra la humanidad del presidente.

JFK se encontraba en plena campaña de reelección para el año siguiente, 1964, y había llegado a Dallas unos 20 minutos antes del mediodía. Los cordones humanos los vitoreaban desde su salida del aeropuerto y la pareja presidencial y algunos miembros del servicio secreto se desplazaban a bordo de un descapotable.

Desde un sexto piso

Pasaron 50 minutos desde que los Kennedy salieron del aeropuerto secundados por otras autoridades locales hasta que ocurriera el primer disparo que asomó desde uno de los edificios aledaños. Los testigos de la Plaza Dealey, inmediaciones del magnicidio, dirían que el tiro vino desde un sexto piso y que el arma era un fusil.

No había acuerdo si fueron tres o cinco disparos, pero lo que sí fue cierto es que ante el primer estruendo la primera dama lanzó un grito antes de buscar refugio en la parte trasera del automóvil y un agente del servicio secreto diría que en segundos había esparcidos manchones de sangre y partes del cerebro de JFK.

De hecho, siempre según las crónicas de la época, Jackie Kennedy declararía que el resto del camino desde plaza Dealy hasta el hospital fue abrazada a su esposo sujetándole la cabeza para impedir que se le saliera el cerebro. Los primeros auxilios los recibió de los doctores James Carrico y Malcom Perry, quienes le practicaron una traqueotomía “aprovechando” que tenía una herida en la garganta.

Sin embargo, no hubo caso, el daño ya estaba hecho y se confirmaba que Kennedy fue asesinado de dos balazos. Luego de practicarse la autopsia en el hospital naval de Bethesda, se realizaron los preparativos para el velatorio. Se realizó en el ala este de la Casa Blanca por 24 horas. Luego fue llevado al Capitolio al que llegaron cientos de personas para darle el último adiós.

Dos días después

Dos días después del funeral, a la viuda se le ocurrió la idea de la llama eterna que se puede visitar hasta nuestros días en el cementerio de Arlington en Virginia, Estados Unidos.

En el lugar hay más de 400.000 lápidas de héroes de guerra, veteranos, referentes norteamericanos y otros notables. También existen placas recordatorias a las víctimas del Challenger, el fallido cohete en misión espacial.

Uno de los lugares principales de Arlington también es su anfiteatro así como la ceremonia de cambio de guardia que se realiza cada media hora en verano y cada una hora en la temporada de invierno. A la misma asisten cientos de turistas de todo el mundo. Se caracteriza por su parsimonia, y también tiene complementariamente un acto en el que familiares e instituciones entregan coronas de flores en homenaje a los caídos.

Llama eterna no tan eterna

Una de las principales curiosidades de la llama eterna de Kennedy es que esta se extinguió dos veces: la primera fue solo un mes después de la inauguración cuando unos estudiantes católicos lo rociaron accidentalmente con agua bendita. La segunda vez fue cuando hubo una inundación que afectó incluso los ductos y el transformador que alimentaba la llama, en el año 1967.

Kennedy fue enterrado en Arlington a su pedido. Tan solo ocho meses antes de su asesinato, él había visitado el Arlington House y de manera indirecta había expresado su deseo de ser enterrado ahí cuando pronunció la frase: “Podría pasar toda la vida aquí”.

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