El secreto de la felicidad posviaje: cómo extender la sensación de vacaciones al regresar

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Vacaciones.Shutterstock

Volver de viaje suele tener un momento cruel: el primer correo del trabajo, el despertador temprano, el atasco de siempre. Pero cada vez más estudios sobre bienestar señalan algo importante: la sensación de vacaciones no tiene por qué terminar al aterrizar el avión.

Psicólogos especializados en felicidad coinciden en que parte del placer de un viaje no está solo en estar lejos, sino en tres fases: la ilusión antes de irse, las experiencias durante y los recuerdos al volver.

“El viaje no acaba cuando hacemos la maleta de vuelta, sino cuando dejamos de recordarlo y usarlo en nuestra vida diaria”, explican expertos en bienestar emocional. La clave está en esa última fase: cómo mantenemos vivos los recuerdos.

Traer el viaje a casa

Una de las formas más sencillas de alargar la sensación de vacaciones es trasladar pequeños gestos del viaje a la rutina. Puede ser algo mínimo: desayunar como en el hotel del que acabás de volver, caminar un poco más por tu barrio como hacías en la ciudad que visitaste, o reservar una noche a la semana para cocinar un plato típico del lugar.

No se trata de imitar un resort en la casa, sino de introducir detalles que rompan la sensación de “volver a lo mismo de siempre”.

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Otra herramienta es dedicar tiempo a ordenar fotos, entradas, billetes y pequeñas compras del viaje. No es solo nostalgia: al repasar lo vivido, el cerebro revive parte de las emociones positivas. Ver las imágenes, elegir tus favoritas, imprimir algunas y ponerlas a la vista ayuda a que el viaje siga “vivo”.

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Los expertos recomiendan incluso marcar en un calendario tres momentos tras el regreso: una tarde para ver fotos con calma, otra para contarlo a alguien cercano y otra para revivir algún sabor o actividad del viaje. Convertir esos recuerdos en ritual les da más fuerza.

Microvacaciones sin salir de la ciudad

Para muchas personas, el choque más duro es pasar de días llenos de novedades a una semana casi idéntica a la anterior. Una forma de suavizarlo es planear “microvacaciones”: pequeñas escapadas emocionales dentro de la ciudad.

Probar un café nuevo, visitar un museo cercano al que nunca fuiste, cambiar de ruta al volver del trabajo o dedicar una tarde a ser “turista en tu propio barrio” activa la sensación de descubrimiento, una de las grandes fuentes de bienestar del viaje.

Cuidar el aterrizaje

También importa cómo se organiza el regreso. Los especialistas sugieren, cuando sea posible, no reincorporarse al trabajo al día siguiente de llegar. Un día intermedio para descansar, deshacer maletas y adaptarse reduce el bajón.

Y hay un truco sencillo: antes de acabar las vacaciones, dejar cerrado el plan de la siguiente escapada, aunque sea pequeña y cercana. Saber que hay otro descanso en el horizonte mantiene alta la motivación.

Al final, extender la felicidad posviaje no depende solo del destino, sino de lo que hacemos al volver. Transformar lo aprendido en nuevas costumbres, guardar espacio para el ocio y la curiosidad y proteger pequeños momentos de descanso puede lograr que el espíritu de las vacaciones se quede un poco más… incluso cuando el calendario señala que ya se terminaron.