La canasta mecánica

La canasta mecánica
La canasta mecánicaArchivo, ABC Color

CREANDO LAZOS -- Si nos proponemos construir duraderos lazos de afecto, precisamos dedicación constante, escucha activa, empatía y demostraciones verdaderas de cariño.

Prestar atención plena a lo que la otra persona expresa, sin juzgar ni interrumpir. Fortalecer vínculos cariñosos implica compartir tiempo de calidad, sin interrupciones, resolver conflictos respetuosamente, apoyar en momentos difíciles y mantener la confianza y honestidad. Compartir actividades sin interferencias, como cenar juntos con el celular apagado. Disfrutar, en compañía, de paseos sin horarios, de juegos y pasatiempos.

Basados en la teoría del apego, los lazos se inician en la temprana infancia, mediante la respuesta de las personas cercanas a las necesidades de la niña o del niño. Estudiosos del comportamiento recomiendan a progenitores, abuelas, abuelos y gente cuidadora, usar con las criaturas pequeñas expresiones verbales como te amo, te quiero y dar abrazos, mimos, halagos, mantener un contacto físico tierno, para fortalecer la conexión.

Luego, en la adultez, esto se extiende a través de la reciprocidad, el apoyo mutuo y la empatía. La noción de lazo amable se remite a los enlaces afectivos y de intereses, que nos impulsan a vivir juntos. En la actualidad, como en cada época de crisis, aumenta el interés por los vínculos humanos y por sus efectos en la sociedad en su conjunto. La reciprocidad y el apoyo permiten que los lazos se mantengan y fortalezcan, lo que genera satisfacción y reduce el estrés. Así se edifican relaciones duraderas como la familia, y espontáneas como la amistad.

Uno de los capítulos más bellos de la literatura universal es la de El principito y el zorro. En la obra de Antoine de Saint-Exupéry sucede que el principito quiere jugar con el zorro y el zorro le dice que él no está en condiciones, porque no está domesticado. El principito le pregunta qué significa eso y el zorro le responde que domesticar es crear lazos, y para crear lazos le propone un ejercicio muy interesante, le dice: tienes que venir todos los días, a la misma hora, y te vas a sentar algo alejado de mí. Al día siguiente vas a venir a la misma hora y te vas a sentar un poco más cerca. No hables, no digas nada, las palabras suelen ser fuente de conflicto. Si vienes por ejemplo a las cuatro de la tarde, desde las tres yo comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, me sentiré más feliz. A las cuatro me agitaré, me inquietaré y ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

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Tiempo, proximidad, ritmo. No intensidad, no promesas. Los vínculos no se concretan de golpe. Se construyen repitiendo encuentros, creando ritos, dejando que el corazón se prepare. Queremos relaciones profundas pero sin constancia. Confianza pero sin presencia. Queremos lazos pero sin tiempo compartido. Querer a alguien implica darle atención plena, tiempo, espacio y repetición. Recordar la fórmula del zorro: todos los días, a la misma hora, un poco más cerca.

carlafabri@abc.com.py