La canasta mecánica

La canasta mecánica
La canasta mecánicaArchivo, ABC Color

VALORACIÓN DE LO SIMPLE -- Se tiende a equiparar placer con erotismo, sexo, lujuria, y se pasa por alto el goce que existe en lo sencillo y cotidiano.  Un café, una sonrisa, un instante de silencio, un aroma, una buena conversación, reducen el estrés y aumentan el bienestar emocional.

El hygge (se pronuncia ‘hoo-ga’) es una filosofía de vida danesa que consiste en tomarse un respiro del ajetreo diario, para estar con las personas que te importan, o incluso a solas, para relajarse y disfrutar de los placeres más tranquilos de la vida. También existe el concepto mevak de origen serbio, que se define como el arte de valorar y apreciar los placeres sencillos de la vida, cultivando la gratitud y la conexión consciente con el presente, para encontrar gozo en lo cotidiano. Lo nuestro sería el modo hamaca paraguaya, disfrutando de un rico tereré en un día de calor.

El placer suele ser fugaz, un mini instante de gloria, una intangible manifestación del cielo. Un pequeño sondeo doméstico permitió conocer interesantes facetas del ajeno deleite diario.

No hay placer más deleitoso que comer papas fritas con huevos fritos, suspira una prójima que está a rigurosa dieta. La chica que conduce el Uber se ríe ante mi pregunta y responde que ella encuentra placer en cosas que no se nombran, como estar muerta de ganas de hacer pipí y encontrar un inodoro limpio impecable donde descargar el líquido corporal.

Según la gente entendida, el placer es una experiencia que se origina en el cerebro. Hay ciertas llaves que abren la cerradura del placer, como el sabor de lo dulce, que es algo placentero para muchas personas desde el momento que nacen.

Aunque también es posible crear un aprendizaje relacionado con una aversión a esa experiencia, si nos hace sentir náuseas y nos parece que lo dulce es repulsivo.

De la misma manera, el sabor amargo suele ser naturalmente poco placentero, pero es posible aprender a disfrutarlo. La gente aprende a abrir estos bloqueos de placer en el cerebro. A mí, por ejemplo, me encanta el sabor amargo del té de ajenjo. Se sabe que las infusiones amargas mejoran el hígado y el sistema digestivo, además de ayudar a eliminar toxinas.

Un ama de casa dijo que disfruta muchísimo de la posibilidad de seguir durmiendo por la mañana, sin culpa, cuando el marido lleva a sus hijos al colegio.

Un amigo se refirió al inmenso placer que siente cuando está solo en la casa y puede andar desnudo a sus anchas, mientras fuma un cigarrillo y toma una cerveza bien helada, sin que nadie lo jorobe. Hay placer en chupar una mandarina en una playa desierta, en la música, en abstraerme mirando mi pecera, dijo un señor mayor. Podríamos elaborar la propia lista de aquellas pequeñas cosas y actos que nos producen placer, en la pulida superficie de la rutina de días que parecen todos iguales y que podrían dejar de serlo.

carlafabri@abc.com.py