Nos enseñan a hablar para comunicarnos. Se anuncian cursos de oratoria, el arte de hablar en público con elocuencia, combinando lenguaje, voz y expresión corporal. Desconozco si existen clases prácticas de escuchatoria. La gran mayoría queremos hablar, poca es la gente que quiere y sabe escuchar, prestar plena atención, sin juzgar. Vivimos a toda prisa y últimamente, para escuchar audios, ver videos o podcasts, utilizamos las velocidades 1.5. Es una tendencia cada vez más extendida el speed-watching, fenómeno por el cual un mensaje de audio o vídeo se reproduce a mayor velocidad de la normal con el fin de consumirlo más rápidamente. Esta nueva modalidad es utilizada especialmente entre los jóvenes. Surge en una sociedad dominada por la celeridad y el temor a perder tiempo.
Aclaro que, como siempre, hablo desde el pecado, desde el error. No pontifico nada, solo intento hacer notar nuestras fallas.
Se prioriza la inmediatez y esto tiene consecuencias negativas para nuestra salud mental. Se producen alteraciones en nuestro sistema, el cerebro tiene que procesar más rápido la información y eso nos genera, entre otras cosas, ansiedad, explica un psicólogo, y se refiere los efectos negativos que los teléfonos móviles producen en los menores. No hay escucha activa, empática que sostiene vínculos y reduce conflictos.
Youtube o Spotify ya agregaron una opción para acelerar vídeos y audios, pero no son las únicas plataformas. Vemos imágenes en la computadora mientras tenemos una discusión política de fondo en la televisión y a la vez, enviamos mensajes por teléfono. ¿Puede nuestro cerebro hacer frente a todo esto? La respuesta es no. Alteramos los rasgos prosódicos de la lengua, eliminamos las pausas, los silencios, la respiración. El lenguaje no verbal de la imagen hay que aplicarlo al audio y no se puede prescindir de él.
La impaciencia, la falta de tiempo y el aprieto de acceder a todo en un período récord, empujan a acelerar los contenidos pero, así, no somos capaces de retenerlos. Se pierde parte de la información y esto genera frustración y estrés.
De cuerdo a los resultados de diversas investigaciones, el uso constante de audios acelerados puede acostumbrar al cerebro a estímulos rápidos, dificultando la concentración en tareas de ritmo normal. Se pierde la memoria a corto plazo y detalles importantes al centrarse solo en la información esencial.
La actitud de escucha tiene que ver con la humildad, con las ganas de aprender y relativizar las creencias propias. Si privilegiamos el exceso, el apuro, la urgencia, descartamos la moderación, la mesura en las acciones y la falta de ostentación. Cuanto más creo que sé sobre algo más ganas me dan de explicarlo y más difícil me resulta pensar que otros puedan saber más que yo, o tener una perspectiva diferente que me enriquezca. Será importante entrenar eso, si quiero que me escuchen a mí.
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