Anaxágoras enseñó que la Tierra no era el único mundo. Afirmó la existencia de otros mundos lejanos al nuestro. Anaximandro sostuvo que el origen del universo proviene del ápeiron (lo indeterminado o infinito), una sustancia eterna de la cual se separan los elementos contrarios como el frío y el calor. Heráclides de Ponto afirmó que la Tierra se movía sobre su propio eje en un lapso de 24 horas. Demócrito también se refirió a la existencia de otros planetas. Explicó que los mismos no se veían a simple vista debido a las enormes distancias espaciales. El Samarangana Sutradhara, un libro de la antigua escritura sánscrita, hace 230 referencias sobre la construcción de naves espaciales.
Cuando Copérnico estableció que el Sol no orbitaba alrededor de la Tierra y que ésta no era el centro del Universo, los poderes religiosos condenaron sus argumentos y catalogaron sus expresiones y enseñanzas como el producto de influencias y creencias demoníacas.
Copérnico, nacido en Polonia, enseñaba que la Tierra orbitaba alrededor del Sol, en una época en que la ciencia y la Iglesia enseñaban todo lo contrario. Copérnico fue un instrumento de luz que iluminó el intelecto de la humanidad. Hoy podemos ver el error del que padecía la comunidad científica de aquel entonces. Semejante análisis refleja un tiempo de oscurantismo que perduró por varios siglos.
Los antiguos filósofos progresaron en el camino del conocimiento por que liberaron sus conciencias de las ataduras y creencias dogmáticas de su época. La meditación desempeñó una extraordinaria labor en la búsqueda de la verdad. Así sucede el despertar de la conciencia, ese progreso interior que emprende toda persona que busca la verdad. Es un proceso que se inicia al descubrir que existe algo que trasciende más allá de lo superficial, lo que lleva a cuestionar la realidad tal como se la conoce. Esto genera un cambio profundo en la forma de percibir la vida, las relaciones y el propósito personal. Se abandonan creencias limitantes y miedos del pasado, a la vez que se adquiere un sentido de mayor responsabilidad, para comprender la conducta fanática de quienes permanecen en el miedo y la ignorancia. Desde una perspectiva espiritual significa expandir la percepción más allá del ego, conectar con nuestra verdadera esencia y decidir si se sigue en el oscurantismo de la esclavitud mental aprendida, o se abre la consciencia hacia nuevos conocimientos y actitud renovada. El despertar de la conciencia es un sendero personal único y en constante evolución, que se traduce en un cambio real en nuestra forma de sentir, pensar y actuar.
Intentar imponer una corriente de pensamiento uniforme, vulnera el derecho humano a la libertad de conciencia, opinión y expresión.
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