La muestra comienza con una selección de obras arqueológicas griegas de 2.500 años de antigüedad que pertenecen a la colección privada de Nicolás Latourrette Bo y se muestran al público por primera vez.
Las piezas originales de los siglos VI y V a. C. fueron adquiridas en 1872 por el español Conde de Luarca y durante 130 años pasaron por varios coleccionistas hasta que fueron finalmente compradas por Nicolás Darío Latourrette Bo en 1994 y desde entonces están en Paraguay. En la exposición temporal denominada Mitos griegos: Del helenismo al Neoclásico se exhiben por primera vez al público.
El curador de la muestra, Luis Lataza, explica que “los mitos griegos han sido el corpus mitológico desarrollado por una religión de la antigüedad que más ha influido en el desarrollo del arte occidental y la cultura universal. Estos mitos, que se fueron desarrollando oralmente hacia la edad de bronce, 5.000 años atrás, tuvieron luego varios procesos históricos de plasmación en obras de arte, de expansión territorial, de renacimientos y reelaboraciones en el arte, la literatura y el pensamiento en general, antes de llegar hasta la cultura popular y poblar nuestro imaginario colectivo con dioses olímpicos y héroes homéricos”.
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De ahí que la muestra presenta en forma didáctica ese “desarrollo expansivo” a partir de una selección de obras arqueológicas clásicas de la Magna Grecia, de las áreas culturalmente helenizadas, como Etruria y la propia Pompeya. Tal es así que se exhibe un fragmento de pared de una lujosa mansión de Herculano en la que se representan a Aquiles y Ulises ante el sitio de Troya y que data del siglo I de la era cristiana. Otro fragmento de Pompeya, de la misma época, reproduce el mito de Leda, el cisne (Zeus) y los Dióscuros (los gemelos Cástor y Pólux).
Una pieza arqueológica invaluable constituye la copa griega para beber vino que data del siglo V a. C. y que representa una figura del mochuelo, ave de la familia de los búhos, animal de Atenea, diosa griega de la sabiduría.
Del periodo helénico también se puede apreciar la cabeza de Afrodita, escultura del siglo III a. C. hallada en Boscoreale, en la Campania italiana. Además, la cabeza de un atleta griego que data del siglo VI a. C. hallada en el valle de los templos en Agrigento, Italia, territorios de la Magna Grecia.
El periodo arqueológico exhibe una urna funeraria etrusca del siglo V a. C. que presenta cuatro mitos griegos y que fue hallada en la Necrópolis de Cerveteri, Italia. Los mitos representados son el rapto de Europa por Zeus metamorfoseado en toro; Pegaso, el caballo alado de Perseo, y dos esfinges.
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La cultura del helenismo representa la primera globalización de los mitos griegos, explica el museólogo Luis Lataza, por el poder de expansión territorial y a lo largo de los siglos que ha tenido llegando hasta nuestros días.
Desde el siglo VIII a. C. las colonias griegas se extendieron por el Mar Mediterráneo y el Mar Negro. Uno de los territorios de mayor densidad de población helena fue la Magna Grecia, que abarcó el sur de Italia y la isla de Sicilia, siglos antes de la conquista romana.
En el siglo IV a. C., las conquistas de Alejandro Magno fusionaron la cultura griega clásica con las tradiciones de Egipto, Persia y Oriente Medio, creando una red sin precedentes de intercambio cultural, económico y científico, detallan los textos de la muestra.
La conquista romana de Grecia, en el año 146 a. C., reforzó la influencia griega que la cultura romana ya tenía por siglos. El saqueo de estatuas como botín de guerra fue superado por la demanda de más obras reproducidas a gran escala en los talleres. Las copias romanas de esculturas griegas son réplicas y adaptaciones de obras maestras helénicas encargadas por la élite romana.
Es así que el arte romano toma como base la estética de la Antigua Grecia adaptándola a sus necesidades. Mientras los griegos buscaban la belleza ideal y la perfección divina, los romanos imprimieron sentido práctico y realista a sus obras.
El Neoclasicismo
Esa vuelta a la cultura griega y romana clásica con el Renacimiento ha producido obras de gran belleza. En la exposición se puede apreciar una escultura en mármol de fines del siglo XIX que representa El baño de Afrodita. La obra fue creada por el artista griego Doidalsas de Bitinia en el año 262 a. C. De este original helenístico se hicieron las copias y versiones grecorromanas que nos llegaron a través de los principales museos del mundo y muy contadas colecciones privadas.
También surgieron obras en bronce reproducidas hacia 1900 en Francia, como la escultura de Afrodita entrando al baño sobre el original de Christophe-Gabriel Allegrain (1710-1795).
Otro petit bronce de Francia del siglo XIX reproduce El filósofo griego, obra de Edouard Drouot (1859-1945) a la que se suma Dioniso niño, de Auguste Moreau (1834-1913), quien plasmó al dios griego del vino como un niño coronado de vid y la copa en alto encarnando toda la alegría de la Belle Epoque europea.
Las ideas del clasicismo grecorromano son recuperadas por el historicismo del Segundo Imperio Francés de Napoleón III, cuya influencia también llegó a Paraguay con el eclecticismo en la arquitectura de la época de los López. Así llegó la moda de colocar esculturas en las plazas y edificios públicos.
“Con el arte neoclásico, que surgió para depurar los excesos del Barroco, el arte griego alcanza su cota más alta, convirtiéndose en una verdadera pasión”, dice Lataza. De esta manera, a fines del siglo XIX se impregnará en todos los ámbitos, desde la arquitectura hasta las artes suntuarias, la moda, las miniaturas, el mobiliario general y vajilla especialmente creada para la familia Bonaparte, que también forman parte de la muestra: la Jardinera Napoleón III en porcelana de Sevres y otros elementos. Resalta una porcelana Royal Dux de Bohemia, República Checa, que representa a Artemisa cazadora en un jarrón decorativo Art Nouveu, del artista Eduard Eichler.
Nunca olvidados <b> </b>
En síntesis se puede decir que “los mitos griegos nunca fueron del todo olvidados, atravesarán el periodo medieval para influenciar el arte renacentista y el barroco –incluido nuestro hispano-guaraní– y luego tendrán un resurgimiento glorioso en el arte neoclásico, expandido por Napoleón a toda Europa”.
La riqueza y variedad de la colección privada del mecenas Latourrette Bo permite ilustrar esos procesos con una selección de arte aplicado y originales producidos para la propia familia Bonaparte, junto a obras del Museo de Arte Sacro y otras del historicismo griego del siglo pasado.
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