Farmear aura: de Goffman a las batallas en las plazas

Batalla de farmeo de aura. Imagen generada por IA.
Batalla de farmeo de aura. Imagen generada por IA.Inteligencia Artificial

En plazas y redes sociales, los jóvenes de la Generación Z han transformado la reputación en un videojuego interactivo. A través de poses y miradas solemnes, esta tendencia busca medir el carisma mediante puntos virtuales que interpelan la conducta social. Hoy en día, las plazas y redes sociales se han convertido en el escenario de una peculiar competencia de “estatus” llamada “farmear aura”.

Farmeo de aura es una frase que fusiona dos mundos de la cultura digital: por un lado, el “farmear” (del inglés to farm), una jerga propia de videojuegos como League of Legends o Fortnite, que describe la acción de repetir tareas para acumular puntos o experiencia. Por el otro, el “aura”, que representa la sumatoria de atributos simbólicos de carisma, compostura, seguridad y estilo que una persona proyecta ante los demás.

El resultado es un juego social irónico en el que la reputación diaria de los jóvenes se mide mediante una contabilidad imaginaria de sumas y restas de un capital social sumamente volátil. La genealogía de esta tendencia tiene raíces profundas en el ecosistema de la red.

El uso secular del término “aura” emergió inicialmente en foros deportivos de Twitter/X en el año 2020 para describir la imponente presencia del defensor del Liverpool F.C., Virgil van Dijk, de quien se destacaba un magnetismo tan pronunciado que parecía condicionar el rendimiento de los delanteros rivales.

Esta idea de proyección de superioridad silenciosa se fusionó con la estética visual del animé y con la sátira cinematográfica de duelos de pasarela de la película Zoolander (2001), donde los personajes de Ben Stiller y Owen Wilson competían cara a cara con total seriedad mediante poses estáticas sin mediar palabra.

Movimiento "six seven" del farmeo de aura.
Movimiento "six seven" del farmeo de aura.

La chispa definitiva de su viralización global llegó en 2025 de la mano de Rayyan Arkan Dikha, un niño indonesio de 11 años que danzó con absoluta serenidad y soltura en la proa de una veloz canoa en la tradicional carrera Pacu Jalur de Riau, capturando la imaginación de internet y motivando imitaciones de celebridades mundiales de la talla de Travis Kelce o Steve Aoki.

El baile del niño indonesio popularizó masivamente el concepto de que la serenidad ante el peligro o la destreza llevada a cabo con una tranquilidad imperturbable constituye el epítome de “farmear aura”.

De las pantallas a las plazas

Hacia el segundo semestre de 2026, la tendencia abandonó las pantallas individuales para materializarse en las calles mediante las llamadas “batallas de aura”, competencias presenciales de gesticulación y actitud donde los jóvenes se enfrentan cara a cara.

Este fenómeno marca una notable evolución en las subculturas juveniles: si hace un par de años, los jóvenes se congregaban en torno a la identidad de los floggers, y posteriormente mediante tribus como los emos o los therians, el farmeo de aura ha destronado estas expresiones analógicas, consolidando un espacio donde el carisma sustituye a las habilidades tradicionales de competencia.

Este impulso por gesticular colectivamente se sitúa como heredero de otras expresiones urbanas del pasado como el planking o los flashmobs, intervenciones que interpelaron a la sociedad mediante el uso del espacio común de formas absurdas.

La batalla de farmeo de aura se da en lugares públicos.
La batalla de farmeo de aura se da en lugares públicos.

Sin embargo, frente a los peligrosos desafíos de internet del pasado reciente que pusieron en riesgo la integridad física de los adolescentes –retos extremos que las autoridades y ministerios de Educación han advertido con severidad por generar aglomeraciones peligrosas, humillar o interrumpir las lecciones escolares–, las batallas de aura estandarizadas se configuran como dinámicas pacíficas. Aquí no hay golpes ni violencia física, sino una disputa simbólica regida por el autocontrol corporal.

Para comprender la profundidad de este fenómeno, es indispensable recurrir a la sociología del comportamiento diario, específicamente a la teoría de las máscaras de Erving Goffman. En su obra fundamental La presentación de la persona en la vida cotidiana (1959), Goffman expone de forma pionera la metáfora dramatúrgica de la vida en sociedad. La teoría “propone que la vida social es un teatro en el que las personas actúan como actores que usan ‘máscaras’ o roles para adaptarse a las expectativas de los demás”.

Goffman detalla que las interacciones ocurren en un “escenario frontal” (front stage), donde los individuos despliegan una fachada y realizan una “gestión de la impresión” para alinear su imagen con un ideal valorado positivamente por el entorno, mientras que en el “escenario posterior” (back stage) se relajan libres de la mirada del público. La máscara social no implica un engaño malicioso, sino que es “la herramienta social para comunicar quiénes somos y cómo interpretamos la situación”.

Los farmeadores

Los jóvenes farmeadores de aura no hacen más que explicitar este teatro cotidiano, convirtiendo la gestión de la impresión en un videojuego interactivo de puntuación visible. La asimilación de estos códigos en territorio paraguayo ha alcanzado niveles de movilización presencial masiva.

El pasado sábado 22 de agosto de 2026, una multitud de adolescentes y jóvenes se congregó frente a la Catedral de San Lorenzo en un masivo encuentro de “farmear aura”, organizado por un joven apodado Max.

Batalla de farmeo de aura entre chicos.
Batalla de farmeo de aura entre chicos.

El evento contó con la participación, en calidad de jurados, de populares creadores de contenido paraguayos como Sebas Pod, Priscila Barrios y Franchesco Canatta. Al evaluar la actitud de los participantes, Sebas Pod reflexionó sobre la brecha generacional: “Los chicos de ahora se divierten a su modo... Hace 15 años era el tema de los floggers... Hay que dejarles divertirse a los chicos”.

La trascendencia de esta jerga ha escalado de tal forma que incluso ha permeado las más altas esferas internacionales, como ocurrió con el papa León XIV. Durante un encuentro con más de mil jóvenes en la Archidiócesis de Génova, que se preparan para la recibir el sacramento de la confirmación, un grupo de adolescentes convenció con humor al Pontífice de realizar el ademán rítmico del six-seven.

Aunque las imágenes del líder de la Iglesia católica imitando el movimiento duraron apenas unos segundos, se erigieron como la muestra definitiva de cómo los códigos absurdos del humor digital de internet se filtran en espacios tradicionalmente rígidos.

Lenguaje y movimientos básicos del <i>six-seven</i> al <i>chad face</i>

Para los profanos en este lenguaje gesticular, la guía práctica de farmear aura se compone de un repertorio corporal codificado. El primer movimiento es el six-seven (o 6-7), un gesto absurdo derivado del tema musical del rapero Skrilla en 2024, que consiste en levantar ambas manos con las palmas hacia arriba y moverlas de manera alternada de arriba a abajo, simulando un malabarismo invisible.

Papa León XIV farmeando aura haciendo el six seven con jóvenes católicos.
Papa León XIV farmeando aura haciendo el six seven con jóvenes católicos. Foto: Instagram de @pontifex

A este ademán se le suma la “pose sigma”, que consiste en posturas corporales solemnes e inexpresivas que proyectan independencia y seguridad absoluta para denotar distanciamiento de las opiniones ajenas.

El segundo bloque de movimientos básicos incluye el mewing, las aura walk y la chad face.

El mewing es la técnica de presionar la lengua firmemente contra el paladar para marcar la mandíbula inferior, popularizada al llevar un dedo a los labios para indicar silencio. Por su parte, las aura walk son caminatas pausadas y deliberadas diseñadas para adueñarse visualmente del espacio físico antes de lanzar una mirada retadora directo a los ojos del oponente o la cámara. Finalmente, la chad face, heredada de la manosphere, consiste en apretar la mandíbula para acentuar la barbilla permaneciendo en absoluto silencio y rigidez inexpresiva.

El núcleo humorístico de todo el sistema se sostiene sobre una lógica matemática de puntuación informal de la reputación social: los aura points. Un acto de absoluta naturalidad o una hazaña realizada con desinterés, como atrapar un objeto en el aire con una sola mano sin inmutarse, amerita un rotundo “+10,000 de aura”.

Sin embargo, la paradoja de este sistema radica en que el esfuerzo evidente destruye el encanto: si un sujeto se tropieza en su entrada o busca desesperadamente llamar la atención de la audiencia, la comunidad digital lo penaliza con un implacable “-10,000 de aura”. Es el “Principio de Incertidumbre de Heisenberg” aplicado a las vibras: observar o forzar activamente el propio carisma descalifica de inmediato al actor por parecer un aura try-hard.

Esta mercantilización del carácter, referida a veces de manera crítica como “capitalismo de aura” en sintonía con las teorías sobre el narcisismo cultural propuestas por Christopher Lasch en 1979, oculta en su praxis analógica una resistencia insospechada. Al abandonar la pantalla individual y congregarse presencialmente para gesticular con humor, los jóvenes consiguen reapropiarse del espacio público y subvertir el aislamiento social.

Al final, los adolescentes no han inventado la vieja necesidad humana de ser vistos, pertenecer y ser valorados por su grupo; simplemente, con la soltura que los caracteriza, han decidido convertir el teatro social de Goffman en un juego de puntuación mucho más divertido.